Laura Elena Rivera Manzanares
Enviada Especial - Imágenes: Samuel Zárate

Previo a la toma de Posesión Canónica como Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Monseñor Juan Espinoza Jiménez se prepara con entusiasmo para llegar a la región de la que corresponderá ser pastor, por lo que dejará su tierra natal. Como hasta ahora, en su calidad de Obispo Auxiliar de Morelia, cuando llegue a esta Diócesis, su deseo es realizar un trabajo pastoral similar al que ha realizado, como es tener acercamiento con todos los sacerdotes, las religiosas, los fieles y buscará especialmente a los jóvenes; “sé que no será fácil, son 122 parroquias, recorrerlas todas costará tiempo, pero lo quiero hacer con mucho gusto”.

Monseñor Espinosa Jiménez nació un 11 de mayo de 1965, proviene de una familia humilde, conformada por su padre, Juan Espinosa Olivo, su madre, María Antonia Jiménez Moreno, sus seis hermanos –un varón y cinco mujeres–, de los cuales es el tercero, todos casados, 28 sobrinos y 13 sobrinos nietos.

“El sacerdote no viene del cielo, sino que surge de una familia sencilla y abierta a la acción de Dios”.

Su infancia la pasó apoyando a su padre comerciante de ropa en tianguis en La Piedad, Michoacán, también con su madre, ayudándole en lo que a todo hijo compete. Su vida fue como en cualquier familia, relató en entrevista para El Heraldo, en la Casa Sacerdotal San Benito, en Morelia, Michoacán, en donde expuso: “vengo de una familia numerosa, donde hay valores y también los antivalores se hacen presentes, pero es una familia normal, como la de todos ustedes. El sacerdote no viene del cielo, sino que surge de una familia sencilla y abierta a la acción de Dios”.

La gente de La Piedad es muy fervorosa, como lo es aún su madre, quien, en su juventud, fue catequista y su papá perteneció a un grupo, mostrando también ser un hombre de mucha fe.

Refirió que, en La Piedad, se tienen dos signos religiosos grandes, como es la figura del Señor de La Piedad, de donde toma el nombre la ciudad, y también la presencia de la Virgen de la Asunción, “me alegra mucho saber que Aguascalientes la tiene como Patrona”.

Cursó sus estudios básicos en escuelas públicas, mientras que el bachillerato en una privada, con los hermanos de La Salle, “allí entré porque el sacerdote, que era el rector de la capillita donde vivíamos en el barrio, era maestro de esa preparatoria y me ayudó para que pudiera entrar allí”. Recordó que, cuando hizo su Primera Comunión, sin tener claridad de qué quería, lo que sí deseaba era probar la hostia y el vino, “tenía muchos deseos de recibir al Señor y quería probar la hostia con el vino, sin saber todo lo que después vendría”.

“Si no entraba al Seminario, nunca sería feliz”.

A los 18 años, decidió entrar al Seminario de Morelia, “no tenía tan claro si quería ser sacerdote, pero me llamaba mucho la atención, pero mi reflexión era, que si no entraba al Seminario, nunca sería feliz”; contando con el apoyo de su papá, que le dio la libertad de elegir y lo animó, al decirle que acudiera, y, si ése era su camino, tendría todo de su parte, aunque también le dejó en claro que, si veía que no era su vocación, podría volver a su casa, a trabajar en el negocio familiar.

Fue su mamá la que entonces sintió tristeza, aunque siempre dijo que le gustaría tener un hijo sacerdote, “escuchaba eso, pero no lo tomaba en serio. Mi mamá decía que los sacerdotes sufrían mucho, que los misioneros iban y venían a lugares agrestes. Cuando le dije, como que sí se quedó triste y respondió: será de Dios”.

En su adolescencia, practicó taekwondo y eso le permitió, al entrar al Seminario, participar como maestro con un grupo de compañeros que también entrenaban este arte marcial, pero él iba a la cabeza, al tener más experiencia. La vida en el seminario no fue sólo rezar, como algunos, incluyendo él mismo, pensaban. Fue una vida de alegría, mucho estudio, mucha convivencia y mucho amor, cariño y, sobre todo, fraternidad.

¿Cómo fue notificado sobre su nombramiento de Obispo?

La experiencia de ser Obispo auxiliar es agradable, pero uno le ayuda al Obispo y al Arzobispo a cargar con la cruz, no la lleva uno solamente; ha sido una experiencia de 10 años bonita, tuve otros cuatro años de servicio en el Consejo Episcopal Latinoamericano 2015-2019 y allí también, más o menos en primera persona, tomando el trabajo pastoral y conferencias episcopales de América Latina, pero siempre en segunda persona. Ahora me toca en primera persona. Desde el 19 de diciembre, cuando recibí la noticia de parte del Nuncio Apostólico, Franco Coppola, me habló repentinamente, me dijo “el Papa lo ha nombrado Obispo de Aguascalientes, ¿acepta o no acepta?”.

“Aguascalientes es una Diócesis bonita, pujante, con sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos. Una Diócesis ejemplar en México”.

¿Qué estaba haciendo cuando recibió esa llamada?

Iba a una parroquia dedicada a San Lucas Evangelista, a confirmar, es pueblo bonito entre la sierra donde llega la mariposa Monarca, llegué temprano, terminaba de orar y preparaba Evangelio de la Anunciación, estaba afinando mi homilía cuando recibí la llamada que me sorprendió y desde allí cambio mi realidad. Siento la sensación de la Virgen: de sorpresa, de alegría, de temor, sentimientos encontrados, pero, en el fondo, mucha alegría y, de inmediato, se me vino la imagen de la Diócesis de Aguascalientes. Tengo la idea de que es una Diócesis bonita, muy pujante, con muchos sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos, Diócesis ejemplar en México porque la mayor parte de sus habitantes son católicos, con un dolor muy fuerte de haber perdido a su Obispo como causa de la pandemia, un pueblo que estaba sufriendo la ausencia de un pastor, todo eso se me vino a la mente.

Le dije al Nuncio: permítame, no puedo contestar ahorita, no puedo darle una respuesta, me gustaría meditarla, orarlo y también pedir el consejo de mi director espiritual. Entonces me dijo: tómese su tiempo, pero hoy, a las 7 de la noche, quiero la repuesta.

Luego le hablé al Nuncio por la noche y le dije que aceptaba, con temor, lo tengo, es un temor reverencial, ante la obra de Dios, como le pasó a Moisés, que, al ver la zarza ardiente, se sorprende, descálzate, porque el lugar que pisas es sagrado. Creo que eso lo estoy sintiendo, tengo que descalzarme porque el lugar a donde voy es sagrado, así lo veo, es un regalo grande que Dios me da, junto con una grande responsabilidad y que voy tratando de asimilar en estos días y en la medida que pasa el tiempo, tengo miedo, porque sé que la gente espera mucho, los sacerdotes esperan mucho.

Monseñor Juan Espinosa expresó que está por despedirse de la Diócesis de Morelia, donde durante 10 años ha sido Obispo Auxiliar y, en estos últimos días allí, se estará dedicando a cerrar ciclos y proyectos que tenía empezados, con el deseo de conservar la confianza de los sacerdotes que lo buscan para tener su apoyo, atendiendo necesidades de su Arzobispo enfermo y aceptando la invitación de las sacerdotes a sus parroquias, a las que, gustoso, acude.

Para cuando llegue a la Diócesis de Aguascalientes, tentativamente el 15 de febrero, su deseo es mantener cercanía con la gente, con los fieles, con las comunidades, con las parroquias, no sólo en las celebraciones y momentos de fiesta, sino también en momentos de prueba, de trabajo, de organización. Estar cerca de los sacerdotes, dijo, para ser apoyo de ellos y que sientan la cercanía de su pastor, en la fraternidad del Obispo. “Quiero ser uno entre ellos”, con las religiosas, que siempre demuestran uno de los valores de las mujeres en la Diócesis.

Esta Diócesis cuenta con 122 parroquias y tratará de recorrerlas todas, costará tiempo, pero lo hará, asegura. Al darse cuenta de que el tiempo se acerca, Monseñor Espinosa dice sentir nostalgia, pues, si bien ya ha salido de la Diócesis en la que ha estado, al estar ocho años en la Santa Sede como sacerdote y en Colombia como miembro del Consejo Episcopal Latinoamericano, sabía que cumplía periodos y ahora “esta salida es la definitiva y sí me da cierta nostalgia. Amo mucho a mi Diócesis, quiero mucho a mis fieles, sacerdotes y siento la partida, sé que me faltará, pero también tengo la esperanza de que voy a encontrar personas, circunstancias que no me van a hacer sentir extraño. Es el camino que sigo como mensajero de Dios y, como misioneros, tenemos que siempre estar disponibles y los sentimientos encontrados que tengo, también los llevo en la oración, la reflexión, pero abierto, porque creo que allá –en Aguascalientes– es donde me tengo que entregar totalmente y eso me llena de esperanza”.

Éstas fueron algunas palabras expresadas a este diario por el Obispo Monseñor Juan Espinoza Jiménez, nombrado pastor para la Iglesia Católica de esta Diócesis de Aguascalientes, que abarca, además del estado, varios municipios de Zacatecas y Jalisco. Nombramiento recibido por el Nuncio Apostólico, Franco Coppola, por invitación del Papa Francisco, a quien conoce personalmente desde que éste fuera ungido, de quien, dijo, tratará de imitar su humildad y trabajo cercano con los fieles.

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