Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Para Sergio Flores Azco, culto y erudito, que sólo aspiró a ser humano.

(Violando la Constitución.- El alter ego de AMLO, el secretario de gobernación, el que en un principio pareció inteligente y conciliador porque no hablaba mucho, empezó a hablar y se descosió. Tonto e ignorante, además de soso, anuncia como caja de repetición de AMLO que se hará un ejercicio ciudadano para preguntar a la población su opinión sobre la seguridad y los cuerpos de seguridad. Haciendo machincuepas macuspanas pasa por alto que la autoridad sólo puede hacer lo que jurídicamente le está señalado. Las consultas están reservadas para el INE, pero el tema de la seguridad pública no puede ser objeto de consulta.)

Aguascalientes tiene hacia afuera la imagen de ser una entidad relativamente tranquila que se ha mantenido, (la Arcadia feliz decía López Portillo), al margen de la violencia generalizada en el país y el incremento gravísimo de la delincuencia, aunque el presidente alegue lo contrario (decía el vate Aguirre y Fierro: “eso no es cierto, pero sucede”, quizás de allí lo tomó la Vil-chismosa cuando afirma en las mañaneras defendiendo a la 4T: “eso no es falso pero no es cierto”). La percepción tiene que ver con cuestiones subjetivas que de repente se pueden generalizar y tienen que ver con relatividades. Nuestra ciudad conserva una fama de ciudad limpia en buena parte por las preseas compradas de escobas de oro y plata, como los pilares de Doña Blanca y en buena parte también por una labor eficaz del personal de limpia, que  con jornadas extenuantes y equipo limitado, hacen posible por disimular la falta de depósitos de basura, la insuficiencia de los contenedores y sobre todo la falta de educación cada vez más manifiesta. Nuestra ciudad es limpia comparada con otras muy cochinas, pero es sucia comparada con nosotros mismos hace unos años.

En materia de seguridad parece acontecer algo similar, aunque afortunadamente no hemos tenido que lamentar algún hecho delictuoso de la magnitud de los acontecidos en Zacatecas, Guanajuato, Jalisco o Michoacán, por citar a los vecinos, tenemos ya una larga temporada en que padecemos de una cadena sin solución de continuidad de delitos de alto impacto, secuestros y asesinatos fundamentalmente, que no pasa una semana sin que lamentemos, o más bien, que no pasa una semana sin un hecho delictuoso grave aunque ya no lo lamentemos. El mismo trato noticioso parece dar a entender que suicidios, asesinatos y secuestros son ya tan comunes que no merecen dedicarles mas espacio que el indispensable para una información rutinaria. Se nos ha ido endureciendo la piel y ya no somos sensibles a esos hechos, que son cotidianos.

Se suele decir con una estolidez presidencial que no representa mayor riesgo para la población la presencia de carteles delictuosos porque se “matan entre ellos”. Con esa lógica y un carrito de paletas, cualquiera tiene asegurado su porvenir, pero, ¡Vamos a ver!, si se matan entre ellos, suponiendo que solamente así sea, surgen varias preguntas: ¿quiénes son ellos?, ¿qué hacen aquí?, ¿por qué se matan entre sí?, ¿por qué nos conformamos con una explicación banal e irresponsable? Pero especialmente la pregunta clave es ¿qué sigue? Si se matan entre ellos, demos por descontado que “ellos” sean miembros de bandas criminales, si no pasa una semana sin un hecho significativo, la conclusión simple, obvia y dolorosa, es que están aquí.

No vienen de visita, no hacen turismo, no están de paso. Desde hace años los tenemos aquí convivimos con ellos, ¿qué ellos? Los que se matan entre sí. ¿Por qué se matan entre sí? Por qué invaden zonas de control, por qué distribuyen drogas sintéticas que no son comercializadas por otros ellos, por qué no pagan las deudas, por qué no respetan los territorios, por qué disputan clientelas, por qué incumplen compromisos, por qué compiten en el cobro de cuotas de “seguridad”.

El panorama desde luego es nebuloso, en tanto unos “ellos” tengan la preeminencia puede esperarse que continúe nuestro estado más o menos tranquilo. Para algunos grupos delincuenciales su negocio florece, como en el caso de la Ciudad de México, mientras más tranquila se encuentre la población. Si el negocio es el comercio y distribución de ciertas drogas excluye el secuestro, la extorsión, etc., pero la competencia es fuerte y el poder es tentador. La competencia entre drogas “naturales” y “sintéticas”, su distribución y comercialización, auguran para mal que difícilmente podemos permanecer mucho mas tiempo con esta calma aparente. Tener conciencia del problema, de su existencia y ya de sus efectos, implica que deberán tomarse medidas a fondo.

El asunto de las adicciones es algo que ha acompañado y seguirá acompañando a la humanidad a lo largo de su historia. En tanto se contemple sólo como un problema de seguridad nacional, la ineficacia de cualquier respuesta policíaca está asegurada. En mi opinión es un problema de salud pública. ¿De qué ha servido el Ejército en las calles y de qué ha servido que ahora tenga siete veces más presupuesto que hace diez años? En tanto no se tenga una política de salud que contemple las adicciones como un problema prioritario, que prepare a las escuelas y maestros para ser centros de prevención y no de contaminación, que ofrezca a los adictos apoyo y oportunidades de tratamiento, en tanto se limite a tratar de controlar el narcotráfico con acciones policíacas más o menos efectistas, la cuestión se agravará.

Aguascalientes tiene un altísimo nivel de adicciones, no es la menor la del alcohol, en algunos lugares como Jesús María, San Francisco de los Romo, Pabellón, mientras se gastan en actividades de propaganda populista e insustancial, la drogadicción infantil se incrementa en grados preocupantes. El nuevo gobierno que en pocos días asumirá la administración del estado tendrá en este campo otro en el que no se llegó al 100.

(Notariadero.- Opinar del tema me resulta bochornoso, porque es mi oficio, mi vocación y mi modus vivendi desde hace más de cuarenta años. La función notarial es muy delicada e implica una preparación sólida y una experiencia probada y aún así, no resulta fácil su ejercicio. Para restarle un poco al “cumplido al 100”, el gobernador había ofrecido considerar establecer un proceso de selección de notarios que no dependiera solamente del “dedo”, queda la asignatura pendiente y quedan muchos notarios nuevos que no cumplen con los requisitos legales para serlo.)

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