CDMX.- El Rey Carlos III y el Príncipe heredero, Guillermo de Gales, se acercaron a saludar ayer espontáneamente a la multitud que, por horas, se formó en una kilométrica fila para acceder, en Westminster Hall, Londres, a la capilla ardiente de la Reina Isabel II a darle un último adiós.
Ambos, con traje y corbata negra, estrecharon las manos y conversaron con el público congregado en el centro de Londres para agradecerles el afecto.
«¡Dios salve al Rey!», le gritaron algunos al sucesor de la monarca fallecida el 8 de septiembre.
Se calcula que 750 mil personas desfilaron ante el féretro. Al menos 400 fueron atendidas por paramédicos, especialmente por desmayos.
Por otro lado, Catalina de Gales acudió con su marido, el Príncipe Guillermo, además de los Reyes Carlos y Camila y otros miembros de la familia real, al Palacio de Buckingham para un almuerzo de recepción a los gobernadores generales de las naciones de la Commonwealth que viajaron al funeral.
Catalina rindió homenaje a la Reina Isabel al llevar un collar de perlas de tres hilos que pertenecía a la soberana; fue una pieza imprescindible para ésta.
También usó aretes de perlas y diamantes que lució Isabel; fue la cuarta vez, desde el deceso de la monarca, que se vio a Catalina luciendo las joyas. La Reina usó los aretes para su Jubileo de Plata, en 1977. (Staff/Agencia Reforma)