Noé García Gómez

El 21 de marzo de 2022 se inauguró una de las obras de infraestructura que el gobierno de López Obrador tomó como uno de los proyectos principales, que sería un comparativo entre el derroche, corrupción y opulencia desmedida de los anteriores gobiernos, frente a la austeridad, funcionalidad y manejo de los recursos que el presidente prometió, por tanto, despertó un gran interés político.

Llegada la fecha, la primera inauguración de una obra importante, “magna” en este gobierno. Por lo que parecía algo similar al “Día del presidente”, aquellos actos de informe que en los gobiernos del PRI dedicaban casi completamente al titular del Ejecutivo. Comenzó con la transmisión de la salida y recorrido de la caravana presidencial de Palacio Nacional al aeropuerto, diversos medios trasmitían y hacían crónica de la llegada de diversos personajes de la vida política, económica y social de México, se dieron cita Gabinete, gobernadores, diputados, empresarios y activistas; durante el evento el actor principal fue el presidente y su lucha contra los demonios “los reporteros”, además que se aderezó con cientos de simpatizantes del presidente y muy seguramente simpatizantes o militantes de MORENA.

En la post inauguración, los reportajes giraron entorno no de los alcances, fallas o bondades, sino de temas banales como los puestos de fritangas y chucherías que se instalaron; así como algunos sencillos acabados de infraestructura comparándolo con centrales de autobuses o mercados de abasto.

Lo que vimos fue el reflejo de lo que es la política pública del presidente y de MORENA, nos guste o no es el tipo de política pública que él desarrolla, sencilla, limitada, llana, etcétera, no por ello barata; que por cierto el gobernador de Querétaro de extracción panista calificó al aeropuerto como “un aeropuerto digno, y que por fin hay un aeropuerto después de veintidós años”.

El asunto de los puestos de garnachas y chuchería pareciera un montaje como anzuelo a la oposición, para que saliera el clasismo y crítica ligera para dar esa percepción que le ha convenido tantos años a López Obrador, la lucha de clases, los fifís versus los chairos.

La realidad es que Andrés Manuel quería que dicha inauguración fuera casi tal como ocurrió, todo estuvo planeado, sólo un pequeño detalle se salió del scrip, la broma que Gutiérrez Müller, esposa del mandatario, realizó referenciando a Peña Nieto, ello incomodó al presidente y no ocultó dicha molestia.

Ante todo, ello y después de la embriaguez y cruda moral -tanto de oficialistas y opositores- por la inauguración del AIFA deberíamos comenzar a buscar respuestas para algunas preguntas como las siguientes: ¿Este aeropuerto podrá sustituir el cancelado aeropuerto de Texcoco? ¿Desahogará la demanda aérea tanto de pasajeros, como de carga y servicios que necesita la ciudad y el país? ¿Cuándo estarán las demás obras públicas que anunciaron para conectarlo y llegar a éste? ¿Prestará un servicio de talla internacional como lo exigen empresas transnacionales, países y turistas extranjeros? ¿El AIFA ayudará realmente a descongestionar el tráfico aéreo que está casi colapsando en el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México?

Veo que el distractor de las tlayudas fue perfecto para que pocos se cuestionaran interrogantes transcendentales.

¡Participa con tu opinión!