Nallely Hernández
Agencia Reforma

LONDRES, Inglaterra.-El sector bancario reflejará el impacto real de la afectación a las empresas ante la crisis derivada por Covid-19, y es el que pone en mayor riesgo a la economía de un país, advirtió el ex Presidente Ernesto Zedillo.

Ante ello, señaló que es necesario evitar la quiebra de las empresas, que, sin solvencia ni liquidez, podrían desaparecer y afectar especialmente al empleo.

“Los gobiernos deben tomar en cuenta que si no se evita una quiebra generalizada de empresas, la próxima presa de la crisis podría ser el sistema bancario.

“Si éste llegará a fallar, la totalidad del sistema de pagos y, de hecho, toda la economía, colapsaría irremediablemente”, apuntó el ex Mandatario durante su participación en la cuarta cumbre inmobiliaria InCON.

En su ponencia, el también profesor en la Universidad de Yale comentó que se necesitará tiempo para evaluar los daños sobre las empresas y los consumidores, así como el periodo que llevará recuperar los niveles de gasto previo a la pandemia de Covid-19.

“Realmente no sabemos cuántas empresas y compañías, que aunque todavía existen, son, como se dice, empresas zombies, con poca o ninguna oportunidad de sobrevivir a mediano plazo”, alertó.

Zedillo consideró que pese a las medidas de apoyo que se han canalizado desde los bancos centrales, persiste el riesgo de afectar con gravedad al sector financiero.

“Con el tiempo también habrá que saldar cuentas en el sector financiero, donde los problemas de la economía real terminan siempre enquistándose.

“Incluso, si se evitarán los dolores de cabeza generalizados de las instituciones financieras, gracias a las acciones extraordinarias tomadas por los bancos centrales (…) la transición a balances más sólidos en las empresas y en la economía de los consumidores limitará la velocidad de la recuperación del consumo e inversión privada en todo el mundo”.

Zedillo consideró que los apoyos para preservar a las empresas y, por ende, a los empleos, pueden ir desde beneficios fiscales, así como exentar cuotas sociales, lo cual podría implicar un costo para el Gobierno que podría compensarse a través de ajustes al gasto público y reducir inversión en proyectos de menor rentabilidad social, así como recurrir a la deuda pública y hasta la adopción de impuestos a emisiones contaminantes.

Aunque evitó referirse al caso de México en específico, consideró que en el corto plazo será inevitable un deterioro en los indicadores esenciales de las finanzas públicas y un aumento de la deuda pública. Opinó que es urgente tomar medidas para que el deterioro sea temporal y reversible, sobre todo en el caso de la región de Latinoamérica, donde se han presentado las tasas más altas de contagios y mortalidad, por lo que la recuperación será más lenta respecto a las economías más avanzadas.

“En circunstancias difíciles, los objetivos políticos de corto plazo deben atemperarse y tener por encima de todo el interés del País y estar absolutamente dispuestos a sacrificar el interés político o popularidad”, acotó en la convención InCON 2020.

El ex Presidente sostuvo que, al cierre de su sexenio, su nivel de aprobación era favorable. Sin embargo, refirió, el momento decisivo de su Gobierno fue en abril de 1995, cuando tuvo que tomar medidas para evitar el colapso del sistema financiero, lo que influyó directamente en la desaprobación generalizada.

“En abril del 95, la desaprobación del Presidente era altísima, y eso era muy lógico, habíamos tomado muy difíciles medidas de finanzas públicas, de contracción del gasto, de elevación de precios y tarifas, de reestructuración adicional de finanzas públicas, de entablar negociaciones y concluirlas muy rápido para tener recursos que frenarán la quiebra del País, nada de eso era popular”, recordó.

“Ahora estoy aquí, gozando una comida con mi esposa y amigos, pero lo importante era en el 95: tomar las decisiones para que el País no se destruyera”.