Con la llegada del verano y las altas temperaturas, los adultos mayores se encuentran en un riesgo elevado de sufrir golpes de calor. Este fenómeno no sólo amenaza a este grupo etario, sino que también pone en peligro su salud y bienestar, afirmó Carolina Bernal López, integrante de la Asociación de Gerontología y Geriatría.
Explicó que la vulnerabilidad de los adultos mayores al calor se debe a factores fisiológicos y comportamentales, tales como alteraciones en la regulación de temperatura, pérdida de la sensación de sed e ingesta de medicamentos que pueden interferir con la regulación de la temperatura corporal y aumentar el riesgo de deshidratación.
Señaló que el calor puede tener efectos adversos significativos en la salud de los adultos mayores y, en su forma más leve, puede causar deshidratación, la cual se corrige con una adecuada ingesta de líquidos. Sin embargo, en casos más severos, cuando la temperatura corporal supera los 41 grados, puede desencadenarse un golpe de calor, una condición potencialmente fatal que puede llevar a un fallo multiorgánico.
Los síntomas más comunes del golpe de calor son: aceleración del pulso, confusión y desorientación, piel caliente, enrojecida y seca, náuseas, escalofríos, dolor de cabeza, boca pastosa y sin salivación, así como pérdida de conocimiento.
Para prevenirlo, sugirió el uso de ropa ligera, beber entre 1.5 y 2 litros de agua al día y evitar la exposición al sol entre las 12 y las 16 horas. Además, recomendó consumir comidas ligeras y frías, mantener la piel hidratada con cremas adecuadas, permanecer en áreas frescas de la casa, evitar la entrada directa del sol y ventilar bien las habitaciones.
En caso de que un adulto mayor sufra un golpe de calor, la experta aconsejó seguir los siguientes pasos: acostarlo y elevar sus piernas para mejorar el flujo sanguíneo al cerebro, evitar que la persona sea rodeada por mucha gente, permitiendo así que tenga aire y espacio, llamar inmediatamente a una ambulancia, y mientras se espera la atención médica, mojar diferentes partes del cuerpo con paños de agua fría, especialmente la nuca, la frente y los antebrazos.