Tania Romero
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Una de cada tres personas de 65 a 74 años tiene algún nivel de pérdida de audición, según datos del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores.
Para el otorrinolaringólogo Mario Dávalos, esto se presenta como parte de un proceso de degeneración por edad, pues las células ciliadas, claves para la capacidad auditiva, no tienen capacidad de regeneración.
“Una vez que una célula muere, ya no regresa; las que se van perdiendo van dándonos pérdida de audición”, comenta.
Otros factores de riesgo son haber estado expuesto a lugares con ruido, como quien trabajó por años en una fábrica con maquinaria; o el uso de ciertos medicamentos en dosis elevadas, por ejemplo, en quimioterapias o algunos hipertensivos.
Por lo anterior, en una revisión médica regular se les debe analizar cómo se comunican e incluso qué tan frecuente es que se caigan.
“En promedio, cuando tienen 85 años, 8 de cada 10 se cayeron al menos una vez en el último año, esto va de mano con pérdida de audición y problemas visuales, así como mal equilibrio”, indica el académico de la Universidad La Salle.
Dávalos agrega que este tipo de problemas tiene otras consecuencias en la calidad de vida, porque hay dificultades para entender a otros y para escuchar ruidos que pudieran ser peligrosos, como un claxon o un motor.
“Las personas suelen hablar a un volumen de entre 35 y 65 decibeles, cuando alguien no alcanza a escuchar bien a otra persona donde no hay ruido alrededor, esto indica que la pérdida ya es significativa”, señala.
Otras consecuencias se reflejan en el aspecto emocional.
“Entre menos escuchamos, como tenemos menos estímulo, podemos tener peor deterioro, el tipo de demencia más asociado a esto es el Alzheimer”.
Además, Dávalos refiere que algunos pacientes a quienes se les prescribe el uso de un dispositivo auxiliar auditivo lo rechazan por el estigma de que eso implica aceptar que están viejos.
“En general, cuando van teniendo menos comunicación, empiezan a sentirse menos felices; parte de nuestro trabajo es recordarles que ganan mucho más escuchando y teniendo interacción que en quedarse callados”.

En el check up
Dávalos aconseja la realización de una audiometría, que consiste en ingresar al paciente a una cámara sobreamortiguada y, con el uso de una diadema con audífonos, someterlo a diferentes sonidos e intensidades.
Un parámetro, agrega, es medir el volumen percibido, en decibeles, y otro, el de palabras entendidas, ya que parte del examen es que escuchen palabras similares, como “lata”, “rata” y “saca”, para ver si tienen alteraciones en la percepción de palabras.