Daniela Perales Bosque

Las familias mientras van creciendo, piensan en la posibilidad de agregar más miembros en su familia y no precisamente me refiero a un hijo, sino a una mascota, así que valoran las posibilidades del “mercado” o quizás la tienda para pensar en la mejor adquisición posible. El perro y el gato han sido las mascotas por excelencia que han ido acompañando la vida de las familias, incluyendo la mía. Parece gracioso pero cuando una mascota se incorpora a una familia, es similar a la llegada de un bebé. Hay que enseñarle prácticamente todo al nuevo integrante, velar por sus necesidades y comprenderlas, cuidarlo, jugar con él y ayudarlo cuando esté enfermo. Sin pensarlo demasiado, los años pasan y estas mascotas se acostumbran a la vida de esta familia, pasando a ser un miembro más. Quizás por eso dicen que las mascotas se parecen a su dueño.

En lo personal, no he conocido otra raza más fiel que el perro y creo que sólo aquel que ha tenido uno puede saber que lo que digo es cierto. Hace una semana falleció mi perro llamado Chester, un pastor alemán que vivió 14 años con nosotros. Como dije anteriormente, sin pensar demasiado, estos años se pasaron de manera inconsciente y de pronto, en cuestión de pocos días enfermó y murió. Durante los días siguientes a la pérdida, estuve analizando todos esos años que estuvo presente, cómo cambió, cómo cambiaron los integrantes de la familia y me di cuenta de las distintas etapas que vivió y experimentó él también. Llegó a mí cuando tenía 7 años y después de tanto tiempo, está de más decir lo mucho que cambiamos todos de manera notoria.

Aunque quizás sea difícil de saber, el hecho de que no escapó y se mantuvo con nosotros me hace pensar que la pasaba bien y además fue señal de que vivió muy bien, sabía que no había necesidad de irse a otro lado. Días después, aún es raro dejar aquellas costumbres que creas, aquellos hábitos con las mascotas, como salir a pasear con él, ponerle su comida, acomodar las cosas en un sitio para que no tropezara o cerrar la cochera rápido al entrar para que no se saliera. Incluso, parece de locos, pero pensar en asomarse por la ventana y verlo donde siempre, es parte de estos hábitos. No me queda más que decir que gocé mucho lo que duró. Es la ley de la vida. Aunque probablemente sea difícil de saber, me gusta pensar que él pudo sentir el cariño que le dimos, aún sin haber hablado, me aferro a esta idea de que los animales sienten y saben aquello que les queremos transmitir.

Durante estos días pensé demasiado en los animales y me fijé en aquellos que me encontraba mientras transcurrió la semana. Vi bastantes perros en la calle, hambrientos o heridos. Pensé en aquellos que no tuvieron la oportunidad como el mío de encontrar un hogar donde fueran queridos. ¿Hay algunos que nunca tienen hogar? Me hizo reflexionar mucho sobre lo que como sociedad nos falta de poner atención en los animales. Creo que nos falta mucha conciencia ciudadana sobre el cuidado y amor no sólo para los perros, sino para todos los animales. Nos hace falta apoyar lugares donde puedan cuidarlos, fomentar las adopciones, dejar de pensar en únicamente las razas caras o con pedigrí. Nos faltan leyes que protejan más a los animales, que castiguen a aquellos que los hieren o los maltratan. Nos hace falta como dueños de animales, el compromiso de nuestro animal, de sus necesidades o enfermedades; también profesionales veterinarios que no sólo piensen en sacrificar a los animales, sino que encuentren soluciones alternativas a deshacernos de nuestros animales ante problemas de salud. Nos hace falta un mayor compromiso hacia los animales, pues, aunque claramente jamás podremos igualarlos a los humanos, son también una especie que merece vivir dignamente.

Independientemente si te gustan o no los animales, si estás dispuesto a tener uno, comienza por respetarlos y no herirlos. Cuántos casos de perros atropellados por gente mala no conocemos…

En fin, espero que mi vivencia personal con Chester, te sirva para creer en la validez de los vínculos tan fuertes entre un perro y una persona, que los perros te pueden regalar mayores cosas de las que puedes darles a ellos, y sobre todo en la lealtad que los perros profesan. Si tienes un perro cuídalo y protégelo; si no tienes, anímate a tener uno. Cree en el poder curativo de los perros.