En anteriores entregas, le conté cómo Mi dulce compañía y yo nos apersonamos en San José de Gracia para comprobar si efectivamente había desaparecido la isla del Cristo Roto. Fuimos, vimos, y de regreso llegamos a comer a San José de Gracia, a Las Playas 2, que se llaman así porque a las primeras las engulló el agua del temporal de 2015. En una nota sobre el tema publicada por el diario LJA se informó que las lluvias tomaron desprevenida a la gente del restaurante aledaño a la zona comercial y al estacionamiento del embarcadero, al final de la avenida Juan Domínguez. Por esta razón se perdieron elementos dañados por el agua, que inundó hasta en una tercera parte el local en el que laboraban, en promedio, 35 personas, “las cuales se verán limitadas a trabajar menos horas y recibir un sueldo menor: “no habrá despidos, pero sí menos ganancias”. Normalmente, un fin de semana fuerte llegaba hasta los 50 mil pesos de ganancia para repartir en sueldos; ahora, por tener que rentar un espacio, toldos y otros objetos, el negocio bajará más de la mitad de sus dividendos”, según el administrador del lugar, señor Ángel López.

Ya antes de llegar al restaurante inicia la zona comercial construida alrededor del embarcadero. De hecho, frente a la Casa de la Cultura, que queda a unas tres cuadras de aquél, instalaron una de esas que, para no ofrecer publicidad gratis, llaman tienda de conveniencia, signo más que evidente de las transformaciones que vive esta cabecera municipal en las alturas de Aguascalientes, aunque no forzosamente todas para bien. Relacionado con lo anterior, en otras zonas del pueblo han surgido pequeños hostales, refugio para peregrinos, pero conforme se acerca uno a la zona del embarcadero, se aprecia un emporio de locales comerciales para la venta de artesanías, particularmente relacionadas con el Cristo Roto, hielo, bebidas, restaurantes, birriería, baños; se aceptan tarjetas de crédito y débito, paletería, y a la orilla de la presa, un carrito que vende frituras con verdura y duros preparados (sólo para estómagos blindados).

Probablemente, quienes vivían en esta avenida, en las casas más cercanas al agua, o vendieron o transformaron sus viviendas para convertirlas en locales comerciales, uno tras otro, cosa que no recuerdo que existieran antes. Otro conjunto de locales fue edificado ex profeso cuando se creó toda la infraestructura alrededor del Cristo Roto, en 2005.

Las Playas 2… Perdido el local del primer restaurante, este segundo se ubicó más arriba, es decir, en la misma avenida, acera norte, pero ahí donde el agua ya no la alcance en un caso extremo, aunque quién sabe… Pero no. Tendría que ocurrir un nuevo diluvio universal para que el agua llegara hasta ahí. Por cierto, si ahí cerquita está el denominado Santuario del Cristo Roto (sin denominación de origen oficial, ni consagración eclesiástica ni derechos reservados; que conste), ¿por qué este restaurante no podría ser El santuario del sazón?, tal y como se anuncia en un pendón.

Aledaño a éste, y rumbo a la presa, está el estacionamiento, y a la izquierda la prolongación de pequeños locales construidos en 2005, destinados a la venta de todo tipo de baratijas. Lo que tienen en común todos estos locales es que están cerrados. ¡Prácticamente todo está cerrado! Los restaurantes, los locales, todo cerrado, a excepción de este santuario del sazón. Esta sensación de soledad, un poco de ruina, se ve aumentada por una serie de estructuras con techos de hojas de palma en los que esta falta en algunos tramos. Pero bueno, no es que las cosas vayan forzosamente mal. Lo que ocurre es que, aparte de la sequía, es martes. Entonces, parece ser que el entorno cobra vida únicamente los fines de semana, y quizá con eso basta, por lo menos desde una perspectiva económica.

Entre toda esta infraestructura destaca una capilla de block de color café, y el piso de cerámica con figuras en café y beige, ésta sí con la bendición oficial, según lo indica una placa al lado de las puertas corredizas de vidrio, que anuncia que el pequeño edificio con una torrecita con techo de dos aguas fue construido por el Patronato para el Desarrollo Turístico de San José de Gracia e inaugurado el 13 de julio de 2018.

En la pared detrás del altar, al centro, hay una escultura del Cristo Roto, cuya factura me indica que fue tallada por el autor del modelo de la estatua monumental, Erasmo Aguilar de Luna, de Jesús María. También está la imagen de la omnipresente Virgen de Guadalupe y frente a ella un estandarte del Cristo Roto “en el corazón de la Presa Calles, San José de Gracia”.

Pero lo más interesante es un libro de testimonios que está a un lado de las puertas, para que el respetable escriba lo que quiera. Es un cuaderno de raya, de esos grandes que se utilizaban para la contabilidad, y fue mojado, esto porque muchas de sus hojas están esponjadas, como cuando se moja el papel y luego se seca.

En verdad resulta interesante la lectura de estos mensajes, las diversas caligrafías, las claramente inteligibles y las demás, de letra casi ilegible; las escrituras firmes y las temblorosas, quizá por la emoción del momento o apresuradas porque ya se va el camión en que sus dueños llegaron ahí.

¿Y qué harán cuando los libros se llenan? De seguro colocan uno nuevo, pletórico de páginas dispuestas a recibir las impresiones de los peregrinos. ¿Y a dónde irán a dar estos libros, llenos de palabras manuscritas? Ojalá y a un archivo, y no a la basura. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).