RENÉ URRUTIA DE LA VEGA

Hablando de Seguridad Pública o Ciudadana, una de las noticias recientes que más impactó es la decisión del Gobierno Federal de eliminar del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación el recurso del Subsidio para el Fortalecimiento del Desempeño de la Seguridad Pública, conocido como FORTASEG, que desde el año 2016 venía operando para aportar a los Municipios que concentran la mayor parte de la incidencia delictiva del país, recursos para capacitación, equipamiento, certificación, entre otros conceptos, con la finalidad de fortalecer a las policías municipales encargadas de esta trascendental tarea, un presupuesto que en 2019 fue de apenas un poco menos de 4 mil millones de pesos, que se venían repartiendo entre los 300 municipios del país que concentran algo así como el 90% de la incidencia delictiva nacional, nada más, pero nada menos.

Quizá resulte difícil de entender lo que voy a decir, pero es real: lo cierto es que tampoco el FORTASEG venía resolviendo nada en materia de seguridad en México, sí, tampoco, como no lo ha resuelto ninguno de los programas, estrategias, acciones y demás intentos, algunos buenos y otros no tanto, pero que finalmente no han venido a resolver las cosas en la medida y en la forma en que se requiere, antes bien, la situación cada vez se complica más. Lo que acabo de decir no va en contra de un gobierno en específico ni de un gobernante en particular, es solo el resultado de una evaluación muy básica que cualquiera de nosotros podemos hacer a la luz de los resultados.

¿Lo anterior quiere decir que está bien que el Gobierno Federal pretenda desaparecer este subsidio? Definitivamente NO!

¿Qué implicaciones tendrá que el FORTASEG desaparezca o se reduzca drásticamente? En primer lugar, hay que decir que los municipios van a tener grandes problemas y complicaciones para solventar los compromisos que tienen en materia de reclutamiento y selección de nuevos elementos, sin dejar de considerar lo relativo a la certificación policial en habilidades y en control de confianza, que es una exigencia de la federación, pero que al dejar de proporcionar recursos dará a las policías la excusa perfecta para no cumplir con tales obligaciones derivadas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, adicionalmente, sin duda que redundará en el debilitamiento de los cuerpos policiales, no solo por lo dicho anteriormente, sino además por lo que tiene que ver con el equipamiento en materia de armamento, municiones, vehículos, uniformes, chalecos balísticos, tecnologías de información y demás insumos indispensables para brindar un servicio mínimamente aceptable en un rubro tan importante.

También hay que decir que representa un duro revés para el propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, pues uno de sus principales propósitos es precisamente el administrar los recursos para los municipios, así como establecer y verificar el cumplimiento de las reglas de operación de ese programa, sin el cual no solo se le demerita en importancia, sino que también se desnaturaliza gravemente su existencia, pues hay que recordar que una de las razones de ser de ese sistema es precisamente el fortalecimiento de las capacidades operativas de las policías y de las fiscalías, cometido que tampoco se ha logrado.

Por otro lado, si aceptamos lo evidente, que los propósitos del FORTASEG y del Sistema Nacional de Seguridad Pública no se han materializado, podríamos pensar que la eliminación de recursos para en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) puede ser aprovechado por los gobiernos municipales y estatales como una oportunidad de redirigir y redimensionar eficientemente sus estrategias, programas y acciones en los ejes gubernamentales de seguridad y justicia para ponerle el ejemplo a la federación sobre cómo se deben y pueden hacer las cosas para generar resultados, saliendo de la zona de confort en la que están estacionados culpando siempre a otros y, en lugar de ello, empezar a dar resultados constantes y de largo plazo desde lo local, porque de que se puede, se puede, solo hay que empezar por quererlo verdaderamente y por asumir cabalmente las propias responsabilidades, atribuciones y competencias y continuar por ejercer una coordinación real y eficaz, ausente de intereses, revanchas políticas y posturas soberbias.

Se que habíamos quedado de hablar en esta ocasión sobre la Cultura de Cumplimiento de la Norma, pero se nos atravesó este tema que no podía ser pasado por alto.