Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En la próxima administración federal, el documento rector, en materia educativa, se denominará ACUERDO NACIONAL PARA LA EDUCACIÓN CON EQUIDAD Y CALIDAD PARA EL BIENESTAR DE TODOS LOS MEXICANOS. Este nombre hace recordar aquel Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal, de 1992; y, casualmente, las personas (sobre todo del sindicato de aquel entonces) que anduvieron en la redacción del Acuerdo Nacional para la Modernización son las mismas personas que hoy están participando, activamente, en la redacción del nuevo ACUERDO (de 2019). ¿Cuántas ideas de 1992 se desempolvarán en el nuevo documento?, ¿cuál  será la razón de peso del nuevo acuerdo para la educación?, ¿estarán los niños, los adolescentes y los jóvenes, en el centro de la educación o serán prioridad las canonjías de personajes?

Cuando se conozca íntegramente el documento en cuestión se sabrá si hay avances o retrocesos; hoy tan sólo se conoce el título, no más. Sin embargo, por las personas que están participando en la redacción del nuevo Acuerdo Nacional se puede inferir el rumbo que tomará la educación; para unos será de algarabía y para otros será desalentador; finalmente, en los educandos se reflejarán los resultados. Mientras tanto, hay cosas que necesariamente deben cambiar si se quiere una EDUCACIÓN CON EQUIDAD Y CALIDAD, por ejemplo, integrando grupos con 25 alumnos.

El siglo pasado, allá por los años 60, cuando en México no había suficientes escuelas para atender a toda la población que demandaba educación básica; la Secretaría de Educación Pública (SEP) puso en marcha tres medidas emergentes: 1) Estableció el turno vespertino con el fin de duplicar la infraestructura física existente; 2) Dictó la orden de inscribir 45 alumnos o más, en cada grupo; y, 3) Creó plazas suficientes para maestros con el fin de cubrir todos los grupos. Con estas medidas se pudo atender, masivamente, la cantidad de la población escolar.

Han pasado cerca de 60 años y, hoy, aún imperan esas políticas del siglo pasado: integrar grupos escolares con 45 alumnos o más. México ha cambiado; las condiciones y las circunstancias han cambiado; la sociedad, la economía y la cultura, se han transformado; la organización de las familias es distinta; los estudiantes son otros; las necesidades educativas son otras. Sin embargo, la SEP sigue exigiendo en nuestros días que los grupos se integren con 45 alumnos o más; a pesar de que en los últimos 20 años la población escolar va en decremento.

Antes, con una sola mirada fuerte del maestro se controlaba a los alumnos (aunque fueran de 50 o 60 por grupo); hoy ni los gritos del maestro ni las amenazas de los padres los controlan. En grupos numerosos impera el desorden y donde hay desorden no hay aprendizajes. Por tanto, hoy por la calidad educativa, una buena medida sería integrar los grupos con 25 alumnos o menos. De esta manera, los maestros podrían atender mejor a estos grupos y hasta en forma personalizada, mejorando la equidad y la calidad. Las horas y las plazas que han quedado vacantes, en los últimos años, por la disminución de la población escolar, podrían utilizarse en esta propuesta; incluyendo los recursos existentes que no están siendo aprovechados de manera correcta. Téngase presente, el problema de México no es la falta de recursos sino la mala distribución de éstos.

Si los grupos fueran de 25, no se estaría enfrentando el problema de las fusiones, cuya medida provoca mayores deterioros educativos que soluciones. Con grupos de 25 alumnos se sentarían bases sólidas para elevar la calidad educativa, pues en lugar de entretener a los grupos con alumnos numerosos, se otorgaría una verdadera enseñanza de calidad. Propuesta para el Acuerdo Nacional de la Educación con Equidad y Calidad y de Bienestar para todos los Mexicanos.