Itzel Vargas Rodríguez

Cierta vez le pregunté a un amigo, por qué era tan común que muchos políticos se casaran con actrices de telenovela, pues a mi parecer la profesión política es un trabajo que exige mucho razonamiento, en ocasiones ser prácticamente un estadista, no sólo es un asunto de aparecer en eventos y sonreír con la gente, sino que debiera de ser un asunto de mucha responsabilidad social, y por ejemplo una relación de este tipo, obvia pensar que sólo hay intereses puestos en atraer el reflector de por medio, es decir, ganar popularidad aunque no precisamente trabajar por ella. No le encontraba lógica en mi mente, y él, contestó mi cuestionamiento con un chiste: “Un hombre salía con tres mujeres pero iba a decidir casarse con una, así que les dejó encargado dinero mientras él se iba de vacaciones para ver qué era lo que ellas hacían con él. Cuando regresó, la primera se lo gastó en ropa para ella, la segunda lo gastó en ropa para él, y la tercera lo invirtió, acumulando con ello más dinero. ¿Con cuál se casó? Uno podría pensar que con la última, porque fue la que inteligentemente mejor manejó el dinero, pero a decir verdad, se casó con la que tenía el trasero más grande… por eso los políticos se casan con artistas”. Y ante ello, sólo sonreí y no tuve más que decir…

Se ha hablado mucho en los medios de una pareja pública, de las más sonadas en las revistas “rosas”, sobre todo por sus próximas nupcias: la boda del actual gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, y Anahí, una artista famosa por ser actriz de novelas, cantar música pop, y ser protagonista de algunos escándalos como la anorexia.

El revuelo de la crítica social ha visto como un grave problema, no el hecho de que contraigan nupcias, sino que esta festividad se esté planeando de una forma ostentosa, teniendo al menos mil invitados contemplados para el evento, en un Estado de la República, que es testigo de uno de los peores lastres de la humanidad: la pobreza, y donde habitan además, muchos indígenas que luchan por hacer válidos sus derechos. Esto gestándose en adición, a un contexto sociopolítico que ha hecho que las clases medias tengan que recortar sus gastos para vivir austeramente, sin permiso para darse pequeños lujitos o chiqueos. Y en el mismo contexto, en que una vasta proporción de sus representantes viven a base de despilfarros o fanfarronerías, pareciera que los políticos no saben, no se dan cuenta o deciden por voluntad propia ignorar, que la gente está muy enojada de cómo estos últimos viven a las anchas justo en frente de las narices del pueblo. Cuánta falta hace una nueva reculturización de austeridad en la clase representante del país.

No es de extrañarse, por ejemplo, que haya provocado tanta rabia unas simples fotografías de la Primera Dama haciendo el shopping en el país vecino. Pues, lo que para un grupo selecto en el México actual puede ser una actividad sencilla, o el pan de cada día, para la vasta mayoría, es algo prácticamente inalcanzable.

Y en este último ejemplo volvemos al punto que quiero tocar, las actrices al poder, porque, ¿cómo es que suele vivir una actriz famosa? Rodeada de lujos, asediada, querida y admirada por sus fans… se siente una persona única por su talento, inalcanzable, tocada por la suerte que la ilumina cada día y la hace brillar ante la gente de alrededor tan común, tan opaca, tan gris… Y entonces, ¿cómo es que alguien rodeada por un mundo tan irreal pretende vivir cuando está inmiscuida directa o indirectamente en la política? Exactamente igual.

El problema entonces se suscita precisamente cuando México requiere de gente profesional, que sepa lo que ocurre en su entorno, dibuje caminos de solución, proponga cambios, analice los resultados y vuelva a trazar otras rutas de mejora. Y cuando el poder llega a manos de personas que sólo buscan poner cauce a su fama para seguir montados en ella, es lógico que el cambio social tan esperado por la gente no llegue y parezca aún más perdido e inalcanzable.

Dejar evidenciar de forma descarada el nivel de vida de las socialité en la vida pública que engloba la política, propicia la marcada delimitación (por lo menos perceptiva) de la brecha socioeconómica del país, cuando al contrario, urge reducirla.

El ámbito de la representación pública es muy complejo, y para quien quiera subirse ahora a ella, independientemente del trabajo que haya desempeñado anteriormente, deberá entender de antemano que vivir acorde a lo que viven las mayorías, logrará empatía y aceptación, de lo contrario, mucho odio y repulsión.

Tengo muchas más ganas de ahondar en el porqué es indignante que la política se rebaje a un mero acto de propaganda para una nota de las revistas rosas, pero ya será en otra ocasión, mientras tanto…

Cosa curiosa: No sé usted, pero yo pensaba que las campañas electorales iban a resultar hartantes. Cuál ha sido mi sorpresa advertir que gracias a la gran cantidad de photoshopazos de las fotos de los candidatos, la edición de videos por demás ridículos como refritos de canciones o bailes especialmente montados para la ocasión electoral, han hecho mis días de lo más graciosos y divertidos. En verdad que como dicen en las redes “Lo que hay que hacer para ganar el voto”, “Sólo en México” y “México: por favor nunca te acabes”. Eso sí, mucho show pero las propuestas, ¿como pa’ cuándo?

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