De cara a los tropiezos de la economía pública o privada se hacen análisis concienzudos para determinar qué áreas se deben eliminar, o dónde se pueden ejecutar recortes en aras de frenar la situación y de alguna manera encontrar un resquicio que permita reiniciar el desempeño.

Es una especie de autodefensa, de obligada supervivencia, lo que si bien son medidas indispensables no siempre cumplen su objetivo, ya que se deshacen de activos que más tarde van a requerir y que cuesta tiempo recuperar, por lo que en la acción llevan la penitencia.

Alguna razón empuja para que en primera instancia se busque eliminar puestos de trabajo, bajo el supuesto que habrá un importante ahorro, pero para algunos empresarios previsores es lo último que harían. Uno de ellos comentó que de estar en esa disyuntiva prefería conservar a sus trabajadores porque con su apoyo puede enfrentar la situación y recomenzar.

En cambio, en el sector público se aprovechan los resbalones económicos para hacer “podas” a la nómina, que incluso lleva a desaparecer oficinas completas y cuyas funciones las asumen otras; es lo que los tecnólogos denominan la “reingeniería” gubernamental, aunque luego que las nubes se desvanecen reimplantan las dependencias bajo otra denominación y con nuevo personal.

La ausencia del servicio profesional de carrera, del que tantas veces se menciona en las alocuciones, es lo que provoca que ningún empleado de los tres niveles de gobierno, tenga seguridad en su trabajo, al estar sujetos a las circunstancias políticas, a caerle bien al jefe en turno, o como se menciona, que un ramalazo económico motive su expulsión de las filas burocráticas.

Y si a lo anterior se añade la nula defensa de los sindicatos, cuyos líderes están más interesados en cuidar las canonjías y conservar su propia plaza que velar por la seguridad de sus compañeros, ya se tendrá el cuadro completo de riesgos que penden sobre el asalariado.

Con la suficiente antelación, el gobierno federal anuncia que hará recortes en las secretarías, direcciones generales y organismos descentralizados y paraestatales, al mismo tiempo exhorta a las administraciones estatales y municipales a que hagan otro tanto, todo ello a partir del uno de enero de 2016, como parte de las medidas de austeridad que ejercerá, por la caída de los ingresos petroleros.

Desde ahora “se están revisando todas las estructuras administrativas del gobierno, hoy se presenta una oportunidad para revisar cuál debe ser el tamaño óptimo”, declaró en la ciudad de México el subsecretario de Egresos de Hacienda, Fernando Galindo Favela, al establecer que habrá recortes y ajustes de plazas el próximo año para que el gobierno tenga el mínimo indispensable.

Sustentó lo anterior para redimensionar el tamaño del gobierno, acorde con la nueva realidad presupuestal, que sea “un gobierno austero, que se apriete el cinturón, que tenga las mínimas plazas indispensables para operar de manera eficiente”, reiteró.

En principio se tiene contemplado eliminar o modificar los programas que tienen bajo impacto y bajo desempeño y se llevará a cabo la fusión de programas presupuestarios que lleguen a la misma población, independientemente de que se encuentren en distintas dependencias gubernamentales.

La resectorización contempla enviar algunos programas presupuestales a las dependencias más eficientes, vigilándose que en esta reorganización se cumplan las metas previstas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND), para ello se fortalecerán los programas que aseguren la aplicación de las reformas estructurales y detonen crecimiento.

Es demasiado temprano para especificar las áreas que pueden afectar al estado de Aguascalientes, no obstante, el personal debe estar preparado para lo que venga. La representación de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) aseveró que aquí no habrá recortes (como si fuera una isla), aunque lo hace en aras de calmar las aguas, porque ni siquiera el gobierno tiene un plan definido por dependencia, por lo que no se sabe en dónde y cómo vendrá la descarga.

Es posible que se recurra a la rutina que se aplicó en los dos sexenios anteriores, es decir, a la jubilación anticipada o la liquidación, que tenía el propósito de adelgazar el aparato gubernamental, aunque cabe recordar que fue sólo un pretexto para suprimir personal calificado, con lo que se perdieron cuadros valiosos que tardan años en que otros alcancen sus conocimientos, sin embargo, hubo una doble pérdida para la autoridad: al hacer un fuerte desembolso para deshacerse de los que estaban y capacitar a los que llegaron.

Además, hacerlo en esta ocasión será un engaño de la política laboral del gobierno, que entre sus prioridades está crear, fortalecer y conservar el empleo, lo que promueve intensamente entre la iniciativa privada, pero que como en la casa del herrero, no lo hace en la propia.

TRUCO QUE NO FALLA

Si Usted, amable lector, analiza las declaraciones de los senadores y diputados federales podrá constatar que casi todos utilizan temas negativos para centrar los reflectores, tratando cuestiones políticas, económicas, sociales y partidistas que golpeen o satanicen al adversario.

Con ello dejan la sensación de que, salvo ellos, los demás no hacen algo positivo a favor de México, que el país se cae a pedazos debido a la inseguridad, la corrupción, el desempleo, la pobreza y tantas otros infortunios y extravagancias que aquejan a los habitantes.

Es indudable que existen problemas y decir lo contrario sería mentir, pero tampoco el país está desahuciado. Basta observar el ir y venir de hombres, mujeres y niños que cumplen con sus compromisos de trabajo, de estudio o labores en casa. No existe una inmovilización ni un letargo, sino que cada quien atiende su rol y ajusta su tiempo a las circunstancias.

Cuando se escucha o se lee lo que dicen los legisladores se supondría que hay un aturdimiento colectivo, pero la verdad está a la vista, al menos en Aguascalientes se vive y se actúa sin problemas; que hay inseguridad, nadie lo discute, pero es hasta cierto punto “normal”, puesto que entre más de un millón de habitantes es imposible que todos sean hermanitas de la caridad; y que hay pobreza y falta de trabajo, no se niega, pero se hace lo humanamente posible para solventar esta situación, con apoyo de instituciones públicas y agrupaciones no gubernamentales y religiosas.

Lo que sucede es que con suma facilidad se recurre a la crítica, a la censura y la condena de lo que hace o no hace el antagonista, porque esto da más espacios en los medios y los dejan como si fueran auténticos defensores de los derechos colectivos, cuando poco se sabe de lo que hacen ellos para remediar los problemas.

Astutamente callan, que como Congreso de la Unión, lo menos que tienen es ser congruentes, tan es así que hace dos semanas aprobaron un período de gracia de cinco meses en la nueva Ley General de Transparencia para limpiar la casa, ante el estrago administrativo y la discrecionalidad de sus gastos y así rendir cuentas como cualquier entidad pública.

Se conducen igual que los diputados locales, al exigir a los poderes Ejecutivo y Judicial y a los gobiernos municipales que rindan cuentas y cuando encuentran alguna irregularidad de inmediato acusan falta de probidad de funcionarios y empleados, llegando hasta el envío a la cárcel de alguien que no pudo comprobar el gasto irregular o que hizo un desvío de recursos, pero tratándose de ellos, de presentar un informe fidedigno y completo de los recursos financieros a su cargo, lo hacen con evasivas o buscan desviar la atención.

Esta es la realidad que no comentan en sus conferencias de prensa ni en otras entrevistas, se desconoce cómo utiliza la Cámara de Senadores el presupuesto anual de 4 mil millones de pesos y es lo que deberían explicar antes de irse a la yugular a los otros poderes.

¡Participa con tu opinión!