Es necesaria una cultura de la solidaridad que lleve a compartir, destacó el P. Carlos Alvarado Quezada, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que tiene como finalidad fomentar el sentido de solidaridad nacional e internacional, en la lucha contra el hambre, la malnutrición, la pobreza.

La alimentación es un derecho de todos los seres humanos, es esencial para otros derechos, comenzando por el derecho primario a la vida; todos hemos de tener la posibilidad de obtener lo necesario para vivir dignamente, y al mismo tiempo nadie está dispensado de realizar aquello que está en sus manos hacer para contribuir al bien común del que tiene derecho a participar, añadió.

Según la FAO, se produce el doble de los alimentos que se necesitan para los habitantes de la Tierra, por tanto, resulta absurdo que se siga padeciendo hambre, pero en ello influye el sistema económico excluyente.

Expuso que la economía está centrada en la ganancia; se ha convertido en el arte de acumular, cuando debiera ser el arte de que los bienes alcancen para todos.

Si todo lo que importa es ganar lo más posible, nada impide destruir o dejar echar a perder toneladas de alimento para mantener el precio. Es necesario planear los objetivos y la actividad económica, la producción alimentaria y la protección del ambiente a partir de cada persona y la comunidad, y no desde la situación de los mercados.

El compromiso de cada país por aumentar el propio nivel de nutrición, por mejorar la actividad agrícola y las condiciones de las poblaciones rurales, se concreta en el impulso del sector agrícola, en el incremento de la producción o en la promoción de una distribución efectiva de los alimentos, pero esto no basta.

Consideró que cada uno, en aquello que dependa de él, dé lo mejor de sí mismo en espíritu de genuino servicio a los demás.

Hay que vencer la indiferencia ante quienes padecen hambre. Esto inicia desde nuestra manera de vivir, no podemos ver como un gusto el comprar o el adquirir. No habría recurso que alcanzara y “ese gusto” sería una fuente continua de insatisfacción.

Las necesidades creadas, muchas de ellas por la publicidad o la vanagloria de que la vecina lo adquirió, en realidad no son necesidades, sino gustos y caprichos; si confundimos necesidad con capricho o gusto, nunca podemos comprender a quien padece necesidad y sentir como propia su necesidad.