Gelmin Omar González Hernández 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 25-Nov-2023 .-A un mes del paso del huracán «Otis» por Guerrero, en Coyuca de Benítez aún se aprecia la devastación y los pobladores acusan que ha sido poco el apoyo gubernamental.

En esta comunidad, de mil 200 habitantes, aún se aprecian cientos de casas sin techo, vehículos volteados en un riachuelo que cruza la comunidad, las palmeras tiradas y montones de basura con lodo en las calles.

«Fue algo como la muerte, que agarra parejo», señaló Marcos Aguirre, ex presidente de los Bienes Ejidales.

La gente con palas y carretillas todavía saca el lodo de sus casas. Además, siguen sin servicio de agua potable debido a que los dos sistemas de abastecimiento colapsaron.

Apenas hace cinco días la CFE restableció el servicio de energía, pero sólo a la mitad del poblado.

Marcos Aguirre define en seis palabras la tragedia que vivieron las familias de esta localidad del municipio de Coyuca de Benítez la noche en que azotó el huracán Otis: «Fue algo como la muerte, que agarra parejo».

Ayer se cumplió un mes del paso del meteoro y la queja de las familias afectadas es que el apoyo del Gobierno ha sido casi nulo.

 Aguirre, ex presidente de los Bienes Ejidales de esta localidad, ubicada a 15 minutos de la cabecera de Coyuca de Benítez, dice que nadie va a sobreponerse fácilmente.

Cuenta que el río que lleva el mismo nombre de la localidad (Ejido Viejo), sólo crece en la temporada de lluvias, pero con el huracán se desbordó y las aguas arrasaron con todo. En calles del centro del poblado todavía están semienterradas dos camionetas y dos automóviles.

«La noche del 24 de octubre estaba acostado en mi hamaca y, de pronto, escuché el tronido de mi puerta y grité: ¡ah cabrón, esto se va a poner feo!», relata.

«Me quedé sin nada. Todo se lo llevó el viento y el agua», dice.
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Ya pasaron cuatro semanas de «Otis» y la población de Ejido Viejo sigue sin servicio de agua potable, debido a que los dos sistemas de abastecimiento colapsaron y no hay fecha para que sean reparados.

Apenas hace cinco días, la Comisión Federal de Electricidad restableció el servicio de energía eléctrica, pero sólo a poco más de la mitad de la población, que es de mil 200 habitantes.

Tampoco tienen todavía servicio de telefonía celular o de internet.

La gente asegura que durante el huracán hubo dos personas fallecidas, una de ellas por un infarto al ver la furia de los vientos y el crecimiento del río.

Ese día, poco después de las 12 de la noche, doña Pilar Villalba Sandoval y su familia tuvieron que salir de su casa y subir al techo de la vivienda de su vecina.

«El agua nos daba más arriba de las rodillas y con trabajos llegamos a la casa de una vecina y nos subimos a la azotea, donde permanecimos hasta el amanecer», relata.

Cuenta que, a casi un mes de haber vivido lo que ella considera «una pesadilla», el Gobierno sólo los ha apoyado con comida y agua.

Apenas hace dos semanas, los Servidores de la Nación estuvieron en el pueblo para levantar el censo de viviendas afectadas.
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De las 300 escuelas de educación básica que hay en Coyuca, una primaria, una telesecundaria y un preescolar están ubicados en Ejido Viejo y ninguno está cerca de reiniciar clases.

A la primaria Lázaro Cárdenas, el kínder Carlos Darwin y la Escuela de Telesecundaria Ricardo Flores Magón, se les cayó el techo, los cristales y sus salones están con lodo.

«Los niños no pueden tener clases virtuales porque no hay internet», lamenta una madre de familia.

Horas antes que pegara «Otis», las autoridades les avisaron a los habitantes de este pueblo que se pusieran en alerta y les ofrecieron refugio en la comisaría, pero esta quedó devastada por el huracán.
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El médico y encargado de la clínica local, Óskar Isaías Layna Vega, explica que el servicio de consultas se reanudó después que él y varios vecinos limpiaron el inmueble que se inundó y quedó con grandes capas de lodo.

Aunque dice que cuentan con medicamentos que les surtió la Secretaría de Salud, no tienen refrigerador para algunas medicinas, como la insulina.

«El huracán arrasó con todos los medicamentos y el refrigerador. La acumulación de basura y el polvo están causando un incremento de enfermedades respiratorias e intestinales», alerta.