José Luis Quintanar Stephano

Una de las características más destacables del ser humano, es la de sentir emociones. Las emociones son reacciones corporales que pueden manifestarse de manera fisiológica y/o conductual y de acuerdo con su origen comprenden tanto aquéllas con las que se nace o aquéllas influenciadas por la experiencia.

El miedo es una emoción innata o adquirida caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro real o imaginario, presente, futuro o pasado. En el caso de exponernos a un peligro real, por ejemplo, a un perro furioso o imaginario como cuando suponemos que hay una persona oculta detrás de la puerta, sentimos miedo porque tememos una afectación a nuestra integridad física. Estas experiencias pueden estar en tiempo presente, pero igualmente se pueden recrear situaciones futuras al proyectar algo que aún no ocurre,como la próxima visita al dentista o simplemente evocar algún recuerdo del pasado e inducir la misma sensación que ocurrió durante su tiempo en el presente.

El miedo constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa. En este sentido, es normal y beneficioso para el individuo, ya que le permite responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia.

Las manifestaciones corporales más claras ante los estímulos de miedo son: reacciones de defensa, para oponerse al estímulo o neutralizarlo, las de huida, para dar espacio o distancia y diluir la intensidad del estímulo y finalmente las paralizantes, que son las que el instinto o la experiencia consideran como la mejor opción de respuesta la inmovilización o el desmayo.

Desde el punto de vista funcional, el miedo puede inducir en el cuerpo un conjunto amplio de reacciones que incluyen un incremento en la frecuencia cardíaca, un aumento en la conductividad eléctrica de la piel, sudoración, tensión muscular, alteraciones en la frecuencia respiratoria, trastornos digestivos, relajación de algunos esfínteres, sequedad bucal y piloerección entre otras.

Cuando el miedo es excesivo o de carácter irracional ante algo específico o circunstancial, se le denomina fobia, la cual puede llegar a ser incapacitante. Por ejemplo, el miedo a los lugares cerrados (claustrofobia), a las alturas (acrofobia), a hablar en público (glosofobia), a los perros (cinofobia), a la noche (nictofobia), a las superficies con agujeros o puntos (tripofobia), a los truenos y relámpagos (astrafobia), y a la muerte (necrofobia).

Si el miedo es recurrente o de gran intensidad, puede generar estrés y si éste es crónico, es un factor de riesgo para el equilibro corporal y provocar respuestas indeseables inductoras de enfermedad.

Existe un conjunto de estructuras en el sistema nervioso conocido como sistema límbico, el cual está estrechamente relacionado con las emociones. Una de ellas es la amígdala cerebral, la cual está involucrada en la sensación de miedo. Si por alguna razón se lesiona o altera la amígdala, se da una conducta temeraria o sin miedo.

Usted ¿a qué le tiene miedo, a la soledad, a la enfermedad, a la pobreza, al ridículo?

“El hombre valiente no es aquél que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo”, Nelson Mandela.