Por Daniel Amézquita

Un mundo convulso se avecinaba, el siglo XIX estaba por llegar a su fin y nuevos paradigmas se asomaban en el horizonte. El nuevo siglo se inauguró con la Exposición Universal de París de 1900, ahí se hicieron evidentes los avances científicos y tecnológicos, así como las nuevas ideas políticas y filosóficas que se presentaban como un logro más de la humanidad. Eran los tiempos en que se celebraba el centenario de la Independencia, en que los tranvías y ferrocarriles circulan por las ciudades, comenzaban los preparativos para construir el Palacio de Bellas Artes y se filmaban los primeros productos cinematográficos en el país, era el tiempo en que México quería mostrar su lado progresista, pero también fue el tiempo de la miseria del 70% de la población en las zonas rurales, tiempo en que eran inexistentes los derechos civiles y laborales; las huelgas explotaron por todas las regiones y el saldo fueron masacres como en Cananea y Río Blanco; sí, fue un tiempo de paz, pero también la época tranquila del hambre y la injusticia.

Poco después estalló la Revolución Mexicana que luchaba por liberar de la opresión a los trabajadores del campo y de las industrias, por derribar una dictadura que se negaba a abandonar el poder debido a que sus intereses económicos se verían comprometidos. Hubo sangre y inestabilidad en cada rincón del país, pero también había personas que tenían sueños e ideales y que estaban construyendo intelectualmente el México del futuro, un país moderno que sería más humanista y justo, jóvenes comprometidos con las causas revolucionarias, críticos y dispuestos al cambio, uno de ellos sería José Vasconcelos.

Aliado de Francisco I. Madero, se adhirió y aportó ideas a las luchas antirreeleccionistas, participó como funcionario educativo durante distintos periodos y fue rector de la recién creada Universidad Nacional de México a la que le otorgaría su conocido lema: “Por mi raza hablará el espíritu”. Había terminado la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, el mundo había cambiado y Vasconcelos lo sabía, se empeñó en crear programas de alfabetización y en difundir la cultura como uno de los pilares de la humanidad y el desarrollo de la misma. Propició los intercambios intelectuales y artísticos con diferentes países e impulsó a artistas y creadores mexicanos durante este periodo, la educación tanto en las ciencias como en las artes eran su prioridad para la realización completa de las civilizaciones, pensaba que sólo la instrucción podía sacar de la barbarie a México.

Estas ideas serían retomadas posteriormente en su trabajo filosófico, en este sentido su cultura era basta y tenía una sagacidad para argumentar y establecer sus ideales como ninguno en su época, así dedicaría varias horas al estudio tanto de política como mística, tanto literaria como histórica. Estas ideas lo llevaron a enfrentarse con los hombres en el poder de aquel entonces, avocados militarmente y sin una pizca del humanismo con el que Vasconcelos pretendía enaltecer las virtudes mexicanas.

Por aquel entonces se vislumbraba en el país un nuevo conflicto, un sector de la sociedad se alzó en armas contra el gobierno por sus posturas anticlericales, había iniciado La Cristiada. Vasconcelos vería en este conflicto una oportunidad de trascender políticamente, debido a sus creencias religiosas y en un gobierno civil e intelectual. Se postuló para la presidencia de México, se crearon varios movimientos en su entorno que veían en él a una esperanza, los cuales fueron reprimidos y perseguidos por el gobierno que se sentía amenazado ante su popularidad. Finalmente, en las elecciones siguientes se cometió fraude y se vieron truncadas las aspiraciones de Vasconcelos. De la misma forma que Francisco I. Madero unas décadas anteriores hizo un llamado al pueblo mexicano a levantarse en armas contra el gobierno tirano, pero no encendió la chispa de ninguna revolución, México ya estaba desangrado. Vasconcelos fue obligado a exiliarse en los Estados Unidos, tiempo que dedicó a la filosofía y a la reflexión.

Fue un hombre contradictorio como su tiempo, en que la modernidad y las ideologías contrastaban con las tradiciones arraigadas, tuvo un lado oculto y cuestionable, participó en la propaganda de las ideas fascistas de la Alemania Nazi, tanto él como otras mentes brillantes de su tiempo, a través de la edición y colaboración en la revista Timón, auspiciada por la embajada alemana en México, y en otros medios. Al final vivió arrepentido de aquellos episodios y no fue hasta que hubo un periodo de reconciliación en el país que se le reconoció como el personaje que más se había preocupado por la educación en México, tanto así que se le llamó el Maestro de las Américas, también recibió varios reconocimientos y puestos honoríficos, ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua y fundó el Colegio de México.

Sin lugar a dudas, José Vasconcelos tuvo la visión de un México instruido y crítico, fue un ilustre personaje, culto y con arrojo político. Se atrevió a construir una primera identidad mexicana rescatando nuestras raíces y elevándolas al nivel de los grandes pueblos y civilizaciones. Contagió de deseos y esperanza una época en que el mundo parecía ensombrecerse cada vez más. En Vasconcelos la historia tomó puño y letra y se escribió a sí misma. Su legado sigue existiendo en cada mexicano que ame su tierra y piense que somos parte de ésta y que la vamos construyendo cada día, con nuestro aporte y decisión.