A sus 74 años de vida, don Pablo se gana la vida cantando y vendiendo  quinqués, unas lámparas metálicas a petróleo que evocan otros tiempos.

Ubicado regularmente por las mañanas en las inmediaciones de la Plaza de la Patria, repite una y otra vez la canción “Amorcito Corazón”, hasta que la garganta se lo permite; es como busca “completar el chivo”, como dice sonriendo. El sentimiento que le pone a misma estrofa que canta desde hace años, hace que la gente a su paso le regale alguna moneda.

Detalla que a veces, dependiendo de cómo supone que estará el movimiento de personas en el centro, es cuando carga sus lámparas, que son ofrecidas originalmente en 170 pesos; “ya con ganas de que se la lleven, se las puedo dejar en 150, a 130 ya a lo mucho”, expresó.

“Es como cualquier trabajo, hay días buenos, hay días no tan buenos, pero ¿Qué le vamos hacer? Si quieren apoyarme aquí casi siempre ando, una moneda, la que sea es buena, si quieren comprarme alguna lámpara también aquí me encuentran”, concluyó.