A finales de la semana anterior, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía publicó la variación en el Índice Nacional de Precios al Consumidor, con respecto al mes de abril del año en curso. Para sorpresa de muchos, los niveles registrados fueron muy superiores al sondeo por la mayoría de las instituciones financieras del país, incluido el banco central del país. Indaguemos.
Tan sólo en el mes de abril, el llamado impuesto de los pobres aumentó en 0.33%, con respecto al mes inmediato anterior. El alza anual fue de 6.08%, el valor más alto en los últimos 28 meses. La mayoría de los analistas esperaban un incremento no superior a 4.7%, por lo que fue sorpresivo tal incremento. Esto lo posiciona muy por afuera de la meta del banco central de 3%, con una variación de un punto porcentual al alza o a la baja.
Ante esta preocupante situación, podemos detectar dos aspectos principales. En primer lugar, debemos considerar que la base de comparación, para la estimación anual, esta considerada en abril del 2020, uno de los meses más afectados por la pandemia que aún vivimos. Recordemos que hace un año nos encontrábamos en un confinamiento obligatorio, y que la demanda de un sinfín de productos se desplomó. No olvidemos el tema del petróleo, que llegó, impulsado también por otras cuestiones, a tener un valor negativo en el mundo. Justo en este momento parece que las económicas del mundo, incluidos nosotros, comienzan a progresar en su actividad económica, en términos generales.
En segunda instancia, dentro de la canasta básica se presentan niveles no vistos desde hace años atrás, En los principales aumentos se encuentra el chile serrano (41%), aguacate (29%), jitomate (26%) y el tomate verde (19%). De igual forma, el histórico incremento de los energéticos, petróleo y gas, también causó una mayor presión sobre la inflación (28%). El tema de la gasolina, es sumamente riesgo para la inflación, ya que ésta representa un efecto multiplicador relacionado con un sinfín de actividades y principalmente con el transporte. Ojalá el presidente de nuestro país saliera a disminuir los costos de las mismas, como “ya lo hizo” en una ocasión.
Al igual que en nuestro país, nuestro principal socio comercial también muestra niveles preocupantes en cuanto al alza de sus principales productos y servicios. Tan sólo en el mes de abril, los precios al consumidor aumentaron 0.8%. En los últimos 12 meses los precios han subido 4.2%, la mayor cifra desde la registrada en septiembre de 2008. Este acrecentamiento está principalmente relacionado con un alza del 10% en los precios de los automóviles y camiones, así como en los combustibles.
Este aumento galopante de la inflación, tanto en Estados Unidos como en México, causa cierto nerviosismo ante la posibilidad de debilitar la incipiente recuperación económica, más en ellos que en nosotros. No olvidemos que el principal mandato de cualquier banco central es preservar el poder adquisitivo en el país; por tal motivo, es probable que veamos un cambio en el accionar de la política monetaria. La ventana de la flexibilización del costo del dinero está cerrada y es muy poco probable que se vuelva abrir en un corto-mediano plazo.
Habrá que esperar a observar qué tantos de estos factores son pasajeros. A pesar de esto, se vislumbra complicado que la inflación cierre dentro del rango objetivo del banco central mexicano.

OVERTIME
Con base en información del Consejo Coordinador Empresarial, se tiene registro sobre el paro, derivado de los cambios en la regulación del sector, de 128 proyectos energéticos, los cuales representan más de 35 mil millones de dólares. Resulta sumamente complejo entender la idea del Gobierno Federal de aislar a nuestro país de la tendencia a desarrollarse en el resto del mundo en materia de energías limpias, pues se sigue apostando a los combustibles fósiles. Impresionante.

@GmrMunoz