Nos encontramos a unos días de conmemorar el Día del Abogado, razón por la cual se hacen propicias las reflexiones acerca de la profesión y es mi intención dedicar las presentes líneas a los próximos abogados en el Estado. Durante los últimos años, he dedicado algo de mi tiempo a la enseñanza del Derecho en el campo universitario y en el último día de mis clases procuro dar un mensaje a los futuros abogados con la firme intención de motivarlos a ser abogados éticos, íntegros y profesionales.

Ser estudiante de Derecho, debe entenderse como una gran responsabilidad ya que en sus manos se encuentra el porvenir jurídico de nuestro anhelado Estado de Derecho. Durante la universidad, uno de los principales conceptos que se aprende y se intenta practicar es el de la justicia; mismo que se comienza a memorizar a través de la definición de Ulpiano (Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi) y se profundiza en su conocimiento hasta llegar a aquella que parte del Derecho Natural. De manera tal, que los cimientos jurídicos se construyen desde los primeros semestres y ponen como principal reto procurar la justicia a toda costa.

Considero que muchas veces los estudiantes lamentablemente van avanzando en su carrera y poco a poco desnaturalizan el significado de la profesión en cuanto al servicio de los demás; es por ello, que resulta muy común observar cómo los estudiantes manifiestan un mayor interés por aspirar a cobrar un monto elevado de honorarios o por intentar llegar rápidamente al nivel de vida que quisieran tener, en lugar de pensar en la satisfacción que brinda el servir y entregarse a los demás en busca de las causas justas.

Vivimos en una sociedad que necesita urgentemente abogados honestos, por lo que me permito dirigirme hacia ustedes y exhortarlos para que DIGNFIQUEN LA PROFESIÓN. Una de las cuestiones más hermosas acerca de la abogacía deriva en la multiplicidad de labores a las cuales uno puede dedicarse y si bien el ejemplo por antonomasia sería el abogado litigante o postulante, no deben dejar atrás que también existe el abogado juez, el abogado consultor, el abogado dedicado al servicio público, el abogado que funge como fedatario y una infinidad de labores que requieren el preciso conocimiento de las leyes.

Derivado de ello, el llamado se realiza para que dediquen su tiempo en las aulas para absorber la mayor cantidad de conocimiento posible y la mayor cantidad de experiencia profesional, pero que, al mismo tiempo, busquen siempre la profesionalización e inclusive se apoye siempre el trabajo pro bono, la colegiación y la constante certificación en el gremio. Si bien el derecho se aprende estudiando, es claro que se ejerce pensando; razón por la cual no deben jamás olvidar que el conocimiento sólo se explica y encuentra una verdadera razón de ser, si sirve a los demás.

Hoy, me dirijo hacia los próximos abogados con el único propósito de incentivarlos a luchar por el respeto a la ley, el fortalecimiento de las instituciones y más importante, a seguir buscando el libre ejercicio de nuestra profesión que nos permita desde cualquiera de nuestras trincheras buscar la justicia y trabajar por que México sea mejor. Agradezco el favor de su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

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