Lic. David Reynoso Rivera Río.

Nos encontramos a dos años del triunfo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien decidió atrevidamente realizar un acto protocolario al que tituló: Segundo año del triunfo histórico democrático del pueblo de México. Ante ello, resulta sorprendente y lamentable, desde mi punto de vista, que la envergadura Presidencial sea utilizada para enaltecer fines partidistas o remembrar triunfos electorales.

Si bien el primero de julio de 2018 se logró el triunfo de la izquierda mexicana, también es cierto que anteriormente ya había existido un cambio de régimen en el año 2000 y durante los periodos presidenciales de Vicente Fox Quezada y el de Felipe Calderón Hinojosa se utilizó la institución presidencial para generar un clima de división electoral y recordar triunfos proselitistas.

En palabras del mandatario nacional, el discurso comenzó haciendo alusión a que: como país, se ha llevado a cabo una autentica transformación política, económica, social y cultural; la cual ha sido guiada por los ideales y principios de la honestidad, la justicia, la libertad, la democracia y la fraternidad. Considero relevante realizar un análisis de lo dicho por el Ejecutivo, ya que, sinceramente hemos visto muy poca transformación a dos años de su victoria electoral.

Parece ser, que el Presidente considera como prioridad continuar una campaña de oposición que lleva enarbolando desde hace más de 15 años; en lugar de verdaderamente enfocar su capacidad y energía en demostrar que el país se encuentra ávido de un buen gobierno. México, hoy más que nunca, necesita que su política se caracterice por unificar y no por dividir; México necesita que su economía se preocupe por detener la pérdida de empleos y fomentar un entorno de crecimiento frente a la adversidad de la pandemia; México necesita que la desigualdad social y cultural comiencen por erradicarse desde los más altos niveles gubernamentales y no se promueva la censura ni se obstaculice a las instituciones.

Esperemos que, de aquí en adelante, todos los próximos primeros de julio, dejen de ser un día de fiesta y comiencen por consolidarse como un día de exigencia en el que los gobernados tengan la capacidad de exigirle al Ejecutivo la consolidación de una verdadera transformación política, económica, social y cultural. De manera que, el propio Presidente y sus allegados permitan la crítica y la exigencia, para convertirla en algo formativo.

Agradezco el favor de su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

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