Luis Muñoz Fernández.

De acuerdo a lo que nos relata el evangelista San Mateo, los fariseos y herodianos quisieron pillar en falta a Jesús preguntándole si estaba permitido pagar impuestos al César o no. Jesús, que los vio venir, les pidió que le enseñaran la moneda con la que pagaban los impuestos. Le mostraron un denario, moneda de plata que circulaba en el Imperio Romano. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Y entonces Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

A pesar de que desde entonces Jesucristo tenía perfectamente claro el límite que separa lo sacro de lo profano, durante los más de dos mil años siguientes y salvo algunas excepciones, los seres humanos nos hemos empeñado en borrarlo y confundirlo, pasando de un dominio al otro sin respetar la frontera, ciertamente porosa, que los separa.

¿Es importante eso que señalaba desde hace tanto tiempo el Nazareno? Mucho. La laicidad es consustancial a la democracia. Si vulneramos una, debilitamos la otra. Es lo que está pasando hoy, con el agravante de que el acoso no viene de fuera, sino desde el centro mismo de nuestro Estado laico.

Tras analizar las frecuentes expresiones y acciones religiosas que el presidente ha manifestado en público –lo que Jesús Silva-Herzog Márquez llama “el tonito sacerdotal”–, Roberto Blancarte y Bernardo Barranco (“AMLO y la religión. El Estado laico bajo amenaza”. Grijalbo, 2019), llegan a la conclusión de que López Obrador profesa una mezcla de creencias, un “bricolaje religioso”, con varios elementos del cristianismo entendido en sentido amplio y un acento marcado de protestantismo evangélico muy conservador.

El presidente ha invitado a participar en el ámbito de lo público a pastores y sacerdotes, poniendo en peligro la fuente de legitimación del poder del Estado, desplazándola de la soberanía popular, en donde debe radicar, al campo de lo sagrado y religioso, debilitando peligrosamente la laicidad y, por ende, la salud democrática y la armonía social de nuestro país.

Blancarte y Barranco afirman que el presidente “ha violado de manera sistemática todos los artículos y leyes secundarias en materia de laicidad de la República y el Estado mexicanos… sin importarle las consecuencias que ello tenga en materia de libertades y derechos adquiridos por la ciudadanía”.

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