RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El pasado 1° de julio, el presidente Andrés Manuel López Obrador celebró cuatro años de su triunfo electoral por la Presidencia de México. Cuatro años ya de su triunfo avasallador con el que logró el objetivo que desde el 2006 venía persiguiendo. En ese año un poco más de 30 millones de mexicanos con su voto llevaron al poder al político tabasqueño en quien ponían toda su esperanza por un México mejor. Y 24 millones 861 mil mexicanos habían optado por otros candidatos. O sea que las preferencias electorales se habían polarizado entre los que apostaban por López Obrador y los que no deseaban que ganara el populismo apoyando a otro candidato.
Hoy a cuatro años del triunfo de López Obrador nos preguntamos qué ha cambiado del México que gobernaron Peña Nieto, Calderón, Fox, Zedillo, etc., al México de hoy, bajo la realidad de que por obvias razones todos los gobiernos tienen resultados buenos y malos. En el caso de López Obrador, él inició su gobierno anunciando una cuarta transformación. Y para ello el presidente electo decía que en México había habido tres transformaciones importantes: Primero la Independencia de México, con la Constitución de 1824; Segunda, la Reforma, con la Constitución de 1857. Y tercera, la Revolución Mexicana con la Constitución de 1917. Y ahora él llevaría a cabo la cuarta transformación luchando para conseguir un verdadero cambio en el país, y esto debido a que después de muchos años el pueblo de México así lo había decidido y que por ello lo había elegido y por ello se había propuesto a llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública de nuestro país. Hoy nos preguntamos si al día de hoy ya en el poder, esto ha sido verdaderamente una transformación histórica como López Obrador lo pregonó.
Ahora bien, hay que analizar qué cosas buenas han sucedido en el periodo que lleva gobernando López Obrador. Este gobierno empezó trayendo esperanza y una sensación de justicia en la percepción de la población. Las encuestas de opinión no sólo nos muestran a un presidente que es popular, sino que también muestran que la gente tiene más esperanza ahora en la política y en los políticos. De hecho, la reputación y la confianza en las instituciones, que eran variables que más se había degradado hasta hace algunos años, se han recuperado. Esto nos indica que la gente piensa que hay un gobierno al servicio de la gente y esto es en buena parte por la imagen del presidente. De tal manera que para un país que traía una situación de gran tensión y de gran crisis de confianza en las instituciones, nos parece que la confianza que se ha recuperado es sin duda algo positivo. Asimismo, el gobierno ha mantenido la disciplina fiscal, ha sido profundamente neoliberal y esto ha mantenido la estabilidad macro económica, con un crecimiento económico muy mediocre, como en el pasado, pero en el tema de la estabilidad macroeconómica sentimos que ha sido una disciplina que ha logrado mantener lo que había antes. Y así mismo creemos que la recaudación tributaria en medio de una pandemia y de una caída económica ha sido otra cosa positiva de este gobierno que ha logrado extraer recursos en ocasiones con métodos que han sido tildados de extorsionadores, pero a fin de cuentas los números de la recaudación tributaria son aceptables en general.
Enseguida analicemos las cosas que se pudieran decir que han sido evidentemente malas: México tiene muchas cosas malas, pero respecto a la que propuso el presidente y que ha habido un retroceso, o las cosas siguen mal, tenemos la situación de la inseguridad. Sobre esto no hay necesidad de explicar porque pensamos que la inseguridad es un gran fracaso de este gobierno. Otro tema es el de la corrupción, en donde hemos visto que este gobierno ha sido más retórica que realidad. Los pocos indicadores disponibles que hay nos dicen que este gobierno no ha implementado políticas de prevención y de castigo en contra de la corrupción y lo que estamos viviendo es un país que en términos sistémicos sigue siendo igual de corrupto a como lo era hace cinco años. Hay quienes opinan que el fenómeno de la corrupción se ha acrecentado, sobre todo porque el uso de efectivo y las asignaciones directas en contrataciones públicas han aumentado. Estas dos variables por si mismas siempre detonan un mayor nivel de corrupción.
Otro fracaso del gobierno ha sido el deterioro de los servicios de salud pública, los cuales se han degradado. Y por último el tema de que el crecimiento económico ha sido muy mediocre. López Obrador prometió una tasa de crecimiento del 6% al final del su sexenio, 4% en promedio, así dice el Plan Estatal de Desarrollo y la realidad es que probablemente el crecimiento económico promedio del sexenio sea de 0.3%.
Con los datos anteriores no podemos decir que estemos en un cambio histórico. Más bien estamos viviendo un cambio de proceder, que cambia la narrativa frente a gobiernos tecnócratas. Hoy los ciudadanos debemos contestarnos si México es hoy un país con menos impunidad, más seguro y con mejor distribución de la riqueza. La respuesta es obvia: No. La realidad es que en el fondo no hay cambio en la situación de los problemas de fondo del país. El cambio histórico que se presume actualmente no se ha dado.