Mircea Mazilu

El pasado miércoles se conmemoró el 81 aniversario del fin de la Guerra Civil Española, uno de los conflictos más sangrientos y significativos del siglo pasado en Europa. El 1 de abril de 1939 se ponía fin de forma oficial a la lucha entre derechistas e izquierdistas, la cual abría una nueva época en la historia de España. A partir de esta fecha el país ibérico entró en una dictadura fascistizada y represiva que duró casi 40 años, terminando sólo con la muerte del propio dictador Francisco Franco.
La guerra civil estalló en 1936 como resultado de la difícil y tensa situación política, social y económica por la que atravesaba España en los años anteriores. Fue precisamente el 17 de julio de ese mismo año cuando un grupo reducido de militares se sublevó contra el gobierno republicano de Manuel Azaña con el objetivo de deponerlo e instaurar un nuevo orden en su país. Entre los alzados se encontraba Francisco Franco, el comandante general de Canarias que más tarde se convertiría en el caudillo de España y uno de los personajes más famosos de la historia española del siglo XX.
En el momento del levantamiento de julio de 1936 en el país existía un régimen democrático conocido como la Segunda República, la cual fue proclamada en abril de 1931. En diciembre de este mismo año fue nombrado presidente Niceto Alcalá Zamora, un republicano leal a la Constitución que gobernó el país hasta 1936. En mayo de aquel año la presidencia fue ocupada por Manuel Azaña, un izquierdista que enfrentó al bando de los sublevados durante la guerra civil hasta su exilio a Francia, en febrero de 1939.
Durante el periodo de la Segunda República España atravesó por profundos problemas económicos, sociales y políticos. En aquel momento se caracterizaba por ser un país económicamente atrasado, ya que era profundamente agrario y poco industrializado. Más del 40 % de la población activa todavía trabajaba en el campo y el PIB nacional dependía ampliamente de la producción agraria. A esto se le sumó la Gran Depresión que afectó al mundo en los años “30” del siglo pasado.
En cuanto a los problemas sociales destacaron las huelgas y protestas protagonizadas por los obreros y trabajadores en general e inspiradas principalmente por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la Unión General de Trabajadores (UGT), entre otros. Destacó la huelga general revolucionaria de 1934, un movimiento de trabajadores organizado en diferentes puntos del país con el fin de obtener una sociedad justa e igualitaria.
Asimismo, este periodo se caracterizó por grandes enfrentamientos políticos, sobre todo los que tuvieron lugar entre izquierdistas y derechistas. El asesinato perpetrado por los de la izquierda política el 13 de julio de 1936 contra José Calvo Sotelo, líder de la oposición de derecha, es considerado la chispa del golpe de Estado de julio de 1936 y el estallido de la consecuente guerra civil.
El golpe de Estado estalló en Melilla, ciudad autónoma española situada en el norte de África, e inmediatamente después se expandió por varios puntos de la península. No obstante, al fracasar los alzados en ocupar las principales ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Málaga, el levantamiento se convirtió en una verdadera guerra civil que duraría años.
Algunas de las batallas más importantes de esta contienda fueron las de Jarama (febrero de 1937), Brunete (julio de 1937), Belchite (entre agosto y septiembre de 1937), Teruel (entre diciembre de 1937 y febrero de 1938), el Ebro (entre julio y noviembre de 1938), etc. El bando izquierdista obtuvo el apoyo de la Unión Soviética, Francia e Inglaterra, mientras que el nacional fue respaldado por Alemania e Italia, motivo que explica en parte la victoria final de este último.
El 1 de abril de 1939, tras casi 3 años de lucha, Francisco Franco anunciaba oficialmente el final de la guerra. La contienda provocó la muerte de más de 500 mil personas y decenas de miles de exiliados, encarcelados y condenados a muerte. Asimismo, el triunfo del bando nacional supuso la instauración de una dictadura de tipo fascista en España, que duró hasta 1975. Con la muerte del dictador, el país abría de nuevo sus puertas a la democracia pero no ponía término a la rivalidad política entre la derecha y la izquierda.
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