En memoria: Sr. Luis Guillermo Ornelas Jiménez, siempre estaré agradecido por las atenciones para que esta columna fuera publicada. QEPD

Saúl Alejandro Flores

Antes de continuar mis queridos lectores, quiero manifestar mi más sentido pésame a los deudos de Don Guillermo Ornelas, así como a sus compañeros y equipo de trabajo en “El Heraldo de Aguascalientes”, tuvimos esperanza de su pronta recuperación, no fue posible, siempre tendré presente sus llamadas o correos, respecto a la publicación de mi columna, siempre agradecido por su gentileza. Hay un antes y un después en esta pandemia, la última vez que platicamos fue en octubre del 2019 en el aniversario de nuestra Casa Editorial. Después ya no volvimos a vernos, sólo el correo fue el medio de comunicación, tu partida conmueve y en tu memoria seguiremos publicando hasta donde nos sea posible. Descansa en paz.

Mis estimados lectores, retomamos la temática abordada la semana anterior como lo pendiente que se quedó en el tintero. Lo discutido en torno a la naturaleza y comportamiento de las tarifas, inflación y ajustes, nos demostró que, aunque las tarifas se ajusten anualmente en un monto equivalente a la inflación, se entra en un proceso incompleto. No debemos nunca de perder de vista este aspecto, ni los que a continuación estaré abordando, ya que puede ser o es peor aún, si la actualización no alcanza la inflación o si las tarifas no se ajustan periódicamente, el desfase será altamente contraproducente. Abriendo la puerta para percatarnos de una mala práctica que deja al desnudo, la falta de una política clara de aplicación nacional o al menos estatal que como consecuencia deja las tarifas a la tan señalada por su nocividad como es el caso de la discrecionalidad política, la cual oferta en muchos casos no subir las tarifas de agua, como parte de campañas que llevan de manera inevitable y directa al deterioro e inmediatamente después a la destrucción paulatina o acelerada de la calidad de los servicios en el país.

Aunado a lo anterior nos topamos con una práctica errática que viene a complementar o adicionar la serie de desaciertos, dado que incurren en un hábito que induce a tratar las tarifas como si fueran un impuesto que no debiera aumentarse, como si fuera un logro semejante para no incrementar los impuestos. Los impuestos están concebidos como un porcentaje de ganancias, ventas o ingresos, lo cual, en este caso, conforme las ganancias, ventas o ingresos crecen, el monto de los impuestos crecen aunque no se hayan aumentado. Por eso es tan peligrosa una economía sin crecimiento, y díganme amables lectores en ese sentido, ¿En dónde nos encontramos?, ¿Tenemos crecimiento? Entonces, ya vimos nuestra alta vulnerabilidad, o mejor dicho ya podemos visualizar por qué la operación de los servicios de agua está herida de muerte.

En este espacio ya hemos discutido que parte del problema es hablar de incremento de tarifas o de subir las tarifas, cuando a lo mucho se realizan ajustes inflacionarios. Siendo sensatos, debemos señalar que no dejan de ser ajustes porque se acumulen, al no aplicarlos oportunamente. Por lo común, la mayor parte de las tarifas de los organismos, arrastran: rezagos de actualización inflacionaria, defectos en los estudios tarifarios que raramente se hacen sobre una contabilidad de costos y no consideran el rezago que se sufre por la falta de cobro eficaz a los usuarios.

Es importante destacar y no perder de vista que las eficiencias de cobro de las tarifas raramente rebasan el 70% y este índice o porcentaje como consecuencia debería aplicarse como un costo y no como una esperanza de hacerse eficiente, esto no puede generar confusión, ni echar irresponsablemente campanas al vuelo para obtener el aplauso mediático con tal de generar percepciones triunfalistas como se estila en las prácticas electoreras que contaminan la administración pública. Amable lector, hay una verdad irrefutable que por desgracia se pierde de vista, “la eficiencia tiene un costo” no es gratuita o milagrosa, este costo que se asume por lograr la eficiencia también debe registrarse y no considerarla como un producto de la buena voluntad y esfuerzo de los trabajadores de los organismos, o como medalla de la administración pública o como esa práctica tan ruin a la que ha llevado lo que una industria muy lucrativa que se hace llamar “mercadotecnia electoral” que lo único que genera son productos para vender, ratings, y parafernalia inútil cuyo único beneficio es que el personaje que sea más comprado gane una elección; la eficiencia y calidad está excluida por esa nociva práctica. La semana próxima continuamos con el tema tarifario y el cómo lo desarrollan las escasas experiencias de éxito en México. Recuerden la importancia de emprender acciones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com