Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, como les anticipé en la entrega anterior respecto a la cultura prevaleciente de manipular con tufos electorales el aspecto financiero que se aplica en el sector agua, incluso con el desacierto de confundir lo financiero con lo económico, llegando al grado de decir que el agua no debe ser un bien “económico” (este aspecto lo he abordado en varias ocasiones), el agua sí es un bien económico por ser un recurso escaso, debido a ello es que se requiere aplicar criterios de economía, dosificar sin dejar de usar el agua, precisamente porque es un bien escaso y su disponibilidad no se encuentra distribuida de manera uniforme en el planeta dada la propia conformación geográfica.

El otro es el pésimo hábito y práctica de hablar de “descuentos”, de que el agua se encarece y se incrementa desmedidamente en las tarifas, con ello, viene el dispendio que es la puerta para el chantaje light electorero, hacer la viciada dizque gestión para el descuento y tener contenta a la gente presta para el acarreo y exigir sutilmente que voten por ello. Generar una visión de que el agua es “gratis”, la práctica de los descuentos eso sí es tratar el agua como mercancía, que combinadas esas prácticas con los procesos electorales y ese afán por mentir, son la consecuencia de los atrasos y en ello no hay recuperación, el rezago pesa en las generaciones. Al contrario, las mejoras sólo comienzan a partir de la concretización de resultados con los frutos del acierto en las decisiones, en este paréntesis entre los errores y la corrección hay sesgos que jamás serán recuperados, “no existe el borrón y cuenta nueva”.

Al aumentar las tarifas anualmente acordes con el monto de la inflación, no se trata de un incremento, sino de un ajuste inflacionario que además deja un rezago, que requiere una corrección en un período dado, por ejemplo, como puede ser cada cinco años, para que a través de un estudio tarifario muestre si el rezago de la tarifa no está afectando al organismo operador y se requiere entonces de un ajuste mayor.

En muchos casos las tarifas, por motivos electorales, no se ajustan en dos o tres años, lo que lleva a que el ajuste acumulado cuando se tiene la voluntad de aplicarlo se vea por el monto porcentual, como un incremento de tarifas que resiente la población, cuando en realidad a veces ni siquiera alcanza el rezago inflacionario y mucho menos el rezago económico que ha impactado al organismo operador.

¿Por qué se menciona un rezago inflacionario y un rezago económico? Desde el inicio del proceso, en un principio de año con una tarifa apegada a costos y la realidad inflacionaria; como se ve, cada mes la inflación crece hasta llegar por ejemplo al 5%. Si la tarifa se mantiene a lo largo del año y sus costos sólo se incrementan con la inflación, lo que no siempre pasa, ya que sus costos no dependen de la canasta que determina la inflación general, las cifras y sus resultados para el organismo son un rezago que no se recupera por el hecho de que, en enero próximo las tarifas tengan un ajuste del 5%. En teoría, si el presupuesto del organismo está ajustado al cobro de sus tarifas, la inflación representaría un déficit presupuestal del 2.5% de su presupuesto. Este déficit no disminuiría por el ajuste de la tarifa del 5% en enero del año siguiente.

Si el proceso se repite durante el año siguiente, habrá un nuevo rezago que se sumaría al actual y el déficit acumulado de los dos años, sería al menos ya del 5% del presupuesto anual. Un proceso repetido a lo largo de cinco años acumularía un déficit equivalente al 12.5% del presupuesto de un año. El organismo seguiría trabajando, pero su presupuesto disminuido seguramente estaría impactando en falta de mantenimiento, rehabilitación o inversión, que son los rubros más fácilmente afectables, si se quiere mantener el nivel de los servicios. Por eso en aquellos países con un avanzado sistema financiero después de cinco años, se realiza un estudio tarifario completo y se define un nuevo nivel tarifario que cubra las variaciones que hubieran causado un rezago económico en las tarifas, no sólo para ajustarlas, sino para recuperar los rezagos en obra que se hubieran enfrentado.

La próxima semana continuaremos con la información complementaria para este tema. Recuerden la importancia de emprender acciones y políticas que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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