Noé García Gómez

Cuando eran los tiempos del PRI-Estado era un ente acaparador de posiciones, puestos y administraciones, se tenían condicionantes para que si un personaje con tendencia autoritaria llegaba al poder, podía utilizar recursos e instituciones a su cargo para reprimir, perseguir, encarcelar y hasta asesinar a quien le resultara un obstáculo para sus intereses. Así ocurrió con la matanza de Tlatelolco en 1968, y tres años después la historia de México se vio nuevamente empañada por otra masacre contra jóvenes, en su mayoría estudiantes, el  10 de junio de 1971, justo cuando se celebraba el Jueves de Corpus, alumnos principalmente de la UNAM e IPN, salieron  a las calles en apoyo a la huelga que se había conjurado en la Universidad de Nuevo León. Aproximadamente 120 estudiantes fueron asesinados durante la masacre del Jueves de Corpus de 1971; algunos quedaron ahí en las calles otros fallecieron en hospitales o cárceles.

Las entonces autoridades diseñaron una trampa, con un grupo paramilitar que después se sabría que los llamaron “Los Halcones”; y que habían sido entrenados por la CIA y la Dirección General de Seguridad. Luis Echeverría Álvarez era el presidente del país, su director de Gobernación era un joven Manuel Bartlet hoy paradójicamente funcionario y hombre de las confianzas de López Obrador.

El gobierno diseño una siniestra trampa, que consistió en colocar en ciertas calles granaderos, policías y cercas, formando vallas para con ello desviar la manifestación y llevarlos a una zona donde los esperaban los halcones, paramilitares vestidos de civil y asemejando la moda de los jóvenes de la época, las primeras líneas de este grupo paramilitar estaba armado con varas de bambú y las posteriores contaban con armas de fuego; la estrategia estaba claramente trazada por una mano fratricida, la idea era generar la versión de que fue un “choque entre grupos estudiantiles”.

Un reportaje de la época en la revista ¿Por qué? Escribió:

“¿Quién es el responsable de esta cacería?

¿Pueden ser responsables los estudiantes y el pueblo que, en una manifestación pacífica, exigen sus derechos y la libertad de los hombres que sufren cárcel y procesos ilegales por el “delito” de sus ideas políticas?

¿Es responsable el imbécil que dispara bajo una orden dictada desde arriba; el psicópata, el subnormal que integra las porras y el cuerpo de Los Halcones?

No. El responsable es el régimen, que prefiere invertir el dinero del pueblo en pagar a estos zánganos, en lugar de subir el salario de los maestros, por ejemplo.

El gran responsable es el régimen que mantiene al pueblo bajo la amenaza, en permanente estado de sumisión, disperso por la ignorancia y el ridículo nivel político y cultural; pueblo que entre hambre y enfermedades crónicas se debate con salarios bajísimos y altos impuestos. El responsable es el régimen que funda su poder en la represión individual y colectiva, para “solucionar” los problemas, para enterrar a los hombres que no se humillan ante el pavoroso espectáculo.”

¿Qué exigían estos jóvenes para ser masacrados?

 Básicamente la democratización de la enseñanza, el control del presupuesto universitario por los alumnos y profesores; así como libertad política donde obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales gozaran de libertades democráticas reales; Educación de calidad para todos, en especial para campesinos y obreros, y mayor importancia y respeto a la diversidad cultural mexicana; estricta apertura democrática, apoyo a la vida política sindical de los obreros y fin de la represión por parte del gobierno.

El miércoles pasado se cumplieron 49 años de esta masacre y es importante recordarla para que los gobiernos de hoy no se vean tentados a recurrir a tan siniestros métodos represivos.