Mtro. José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el pasado miércoles celebramos el 439 aniversario de la fundación de la ciudad de Aguascalientes. Por tal motivo, en esta ocasión, compartiré con Usted algunos datos históricos con la intención de exponer, de forma resumida y concreta, el procedimiento jurídico que se siguió, en aquella época, para la creación de nuestra maravillosa ciudad. Hago la acotación de que la siguiente información la consulté principalmente en los textos de dos grandes maestros que tuve como estudiante de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Jesús Antonio de la Torre Rangel y José Alfredo Muñoz Delgado.

Las poblaciones fundadas en la Nueva España después del gobierno de Hernán Cortés debieron sujetarse a las ordenanzas que éste dictó o simplemente a las tradiciones castellanas en la materia. Resalta la figura de Cortés en cuestiones de derecho y gobierno. El conquistador tenía un sentido jurídico excepcional, cada uno de sus actos los trataba de fundamentar conforme a derecho. No en vano estudió dos años de leyes en Salamanca.

Más adelante, el 13 de junio de 1573, el Rey Felipe II expidió las “Ordenanzas sobre Descubrimiento, Población y Pacificación de las Indias”, mediante las cuales reglamentó ampliamente la formación de ciudades nuevas.

Las operaciones preliminares de la fundación de Aguascalientes se empezaron a ejecutar a fines de 1574, conforme al ordenamiento de Felipe II, aunque hay algunas cuestiones que se apegan más a las Ordenanzas de Cortés que a las de Felipe II. Es probable que la fundación de Aguascalientes haya sido de acuerdo a lo que ordenaba Felipe II, sin embargo, la Cédula Real de su fundación se apega más a lo mandado por Cortés.

La carta de fundación de Aguascalientes, respecto al repartimiento dice: “Se hizo el dicho asiento y traza de la Villa entre doce vecinos que se hallaron presentes a ello, a los cuales se les repartió ciertos solares de casas y suertes de huertas, estancias y caballerías de tierra… y lo trajeron y presentaron ante nos y nos pidieron y suplicaron les mandásemos hacer merced del dicho repartimiento”. Además del repartimiento, resulta muy interesante lo que se refiere a la traza de la población: “Comenzando por la plaza mayor, en la costa había de ser frente al embarcadero, en lugar mediterráneo, en medio de la población”. En otras palabras, había de ser un cuadro, como casi todas las plazas principales de la Nueva España y que se conservan así hasta nuestros días.

De la plaza habían de salir una calle por cada costado y dos calles por cada esquina. Alrededor de la plaza y en las cuatro calles principales había de haber portales. Se señalaba un solar para la casa real, casa de concreto y cabildo, aduana y atananza, cerca del templo, de manera que se puedan defender de unos a otros. El hospital para enfermedades no contagiosas se había de poner junto al templo. Los solares de la plaza no habían de darse a particulares, sino dejarse para la iglesia, casas reales y propias de la población.

Los demás solares habían de sortearse entre los pobladores, quedando el respeto para el Rey, a fin de que los diera a nuevos pobladores o dispusiera de ellos como le pareciere conveniente. Entre las disposiciones para Aguascalientes del Oidor Visitador don Gaspar de la Fuente, confirmadas en 1644 por el también Oidor Visitador don Cristóbal de la Torre, se encuentran que “las cuadras tengan cien varas y las calles doce, bien alineadas y sin dejar solares sin construir entre dos casas…” Una vez que se elegía el sitio para la población, la autoridad competente ordenaba la categoría que había de tener: Metropolitana, ciudad diocesana, o bien, como Aguascalientes, una villa.

Así estaban las cosas cuando se decidió fundar Aguascalientes como una avanzada más para expulsar y dominar a los chichimecas. La prueba de su fundación la tenemos en la Cédula Real firmada, en nombre del Rey don Felipe II, por el Presidente de la Audiencia de la Nueva Galicia, Licenciado Don Gerónimo de Orozco, fechada en Guadalajara el 22 de octubre de 1575. Merced a este escrito nos llegaron los nombres de los fundadores: Juan de Montoro, Jerónimo de la Cueva, Alonso de Alarcón y muchas otras personas solicitaron permiso “… para poblar una villa en el sitio y paso que dicen de Aguascalientes…”

Como era usual en este tipo de fundaciones, se procedió primero al trazo de la villa, que se efectuó ante la presencia de doce vecinos. Después se repartieron solares para casas y suertes de huertas, estancias y caballerías de tierra, dejando parcelas libres para futuros repartimientos. Para dar por terminada la ceremonia, los nuevos vecinos eligieron a las autoridades de la nueva población: Dos Alcaldes, cuatro Regidores y un Síndico Procurador, quedando constituido el Consejo o Cabildo que, a partir de ese momento, tuvo la responsabilidad de atender los asuntos de la villa. A la nueva fundación le dieron por nombre el de “Villa de la Ascensión de las Aguascalientes”.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo