Mircea Mazilu

El pasado martes se cumplieron 27 años de la muerte de Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia de México en las elecciones de 1994. El 23 de marzo de este último año, el que era miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue asesinado en la explanada de la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, donde acababa de llevar a cabo un mitin para ganarse adeptos. En el artículo de hoy homenajeamos a esta gran figura de la historia reciente del país que anhelaba transformaciones democráticas y reformas sociales, repasando los principales datos de su biografía y el trágico final que acabó con su vida.

Luis Donaldo Colosio Murrieta nació el 10 de febrero de 1950 en la localidad Magdalena de Kino, en el estado de Sonora. Fue el primero de los 6 hijos que tuvieron los cónyuges Ofelia Murrieta García y Luis Colosio Fernández. Desde temprana edad, Luis Donaldo destacó en la escuela, mostrando gran interés por la oratoria y la poesía. En 1972 se graduó en economía en el Tecnológico de Monterrey y posteriormente realizó estudios de posgrado en la universidad estadounidense de Pensilvania, además de efectuar una estancia en el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) en Laxenburg, Austria.

Al regresar al país, se convirtió en catedrático en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán de la UNAM e impartió clases en el Colegio de México y la Universidad Anáhuac. Durante su desempeño en esta última institución conoció a la que sería su futura esposa, Diana Laura Riojas, con quien tendría dos hijos: Luis Donaldo y Mariana.

En cuanto a su carrera política se refiere, fue diputado y senador al Congreso de la Unión entre 1985 y 1988, y el primer Secretario de Desarrollo Social de México entre abril de 1992 y noviembre de 1993. En 1979 se adhirió al PRI, partido del cual llegaría a convertirse en presidente entre diciembre de 1988 y abril de 1992. De cara a las elecciones de 1994, el mandatario del país Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) decidió que la mejor opción para sucederlo en el poder era precisamente el priista Luis Donaldo Colosio quien, entusiasmado, daba inicio a su campaña electoral.

No obstante, en su discurso del 6 de marzo, llevado a cabo frente al Monumento a la Revolución Mexicana de la Ciudad de México, pronunció unas palabras que causaron su ruptura con el presidente de la federación. Aquel día Colosio mencionaba, entre muchas otras cosas, lo siguiente: “yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

En su campaña electoral, don Luis Donaldo hablaba de muchas transformaciones, tanto para el PRI como para el país entero. Hablaba de democracia, justicia y reformas sociales. Hablaba de un México mejor, en definitiva. El contenido de su oratoria y su sentido humano hicieron que la gente lo apoyara, confiara en él e, incluso, lo quisiera. Era, sin duda, el principal aspirante a asumir la jefatura de la nación en 1994.

Sin embargo, el destino no quiso que tal hecho sucediera. El 23 de marzo de aquel año, a las 17:12, Hora del Pacífico, después de que terminara su discurso en la explanada de la colonia Lomas Taurinas de la ciudad de Tijuana, fue asesinado mientras se abría paso para salir de la multitud, conformada por más de 4 mil personas que buscaban saludarlo, abrazarlo o transmitirle palabras de apoyo. Recibió dos disparos de un revólver que lo dejaron inconsciente en el suelo. Fue trasladado de inmediato al Hospital General de la urbe californiana, en donde fallecería unas tres horas más tarde a la edad de 44 años.

Como autor del crimen fue señalado Mario Aburto Martínez, un joven de 23 años de edad de origen michoacano. A 27 años de lo ocurrido, el suceso sigue envuelto en misterio, al desconocerse quién fue realmente el responsable del magnicidio. Es decir, todavía no se sabe si Aburto fue también el autor intelectual o se trata de otra persona.

Las personas que mejor conocieron a Luis Donaldo Colosio, como Santiago Oñate o Alfonso Durazo, lo describen como “un político limpio, hombre de palabra y generoso, persona de trato abierto, amable, paciente, cordial, discreto y con entrega al trabajo”. El historiador Enrique Krauze añade que se trataba de un “auténtico demócrata”.

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