Juan Pablo Martínez Zúñiga

Si hacemos un balance, 2016 simplemente no estuvo a la altura en cuanto a propuesta cinematográfica se refiere. Años anteriores pudimos apreciar una distribución más balanceada con respecto a filmes de consumo masivo y aquellos más comprometidos al desarrollo de visión, calidad y propulsión del lenguaje cinematográfico tanto en narrativa como en plástica. Esta última línea encontró pocos elementos solidarios durante el año que culmina, pero incluso en época de vacas flacas siempre se colarán aquellas producciones que buscan o desean contribuir al refinamiento de la perspectiva cinéfila del público en general, películas que apelan a la inteligencia y vena emocional honesta de quienes pudieron disfrutarlas aún si su estadía en cartelera fue efímera. Estas producciones que enumeraré a continuación bien pudieron ser o un parpadeo en la turbulenta macrovisión que conforma la selección que nuestro duopolio por excelencia (Cinépolis y Cinemex) elige para su estreno o uno de esos contados milagros donde sus componentes, aún de cepa masiva, logran cuajar un proyecto noble e inspirado. He aquí, algunas de las mejores cintas estrenadas en Aguascalientes durante el 2016. Esperemos que el siguiente nos sea más propicio.

“EL HIJO DE SAUL” (“SAUL FIA”) – Ganadora del Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera, esta cinta estremece hasta la médula gracias a su potente mirada a los pecados de un padre que pretende su expiación mediante la evasión a la pira funeraria más macabra de todas: los hornos de Auscwitz. La cascada mirada del protagonista quien da título al filme, factor crucial en el desarrollo del personaje maravillosamente interpretado por Gézxa Rohrig, es una ventana no a su alma, sino a un infierno personal producto de su empeño por evitar que el cadáver de su hijo termine cremado y sea sepultado según la tradición judía. El estoico y sensible manejo de cámara por parte del director Lászlo Némes, el sobrio conducto narrativo en cuanto tiempo y espacio –la historia se ubica en un lapso de dos días donde abundan las tomas cerradas- y un cuadro de actores que definen la naturaleza del pathos actoral, hacen de esta cinta húngara uno de los filmes más sobresalientes del 2016.

“LA GRAN APUESTA” (“THE BIG SHORT”) –Trabajos de ensamble hemos visto muchos, y rara vez terminan siquiera como una fracción de la propuesta argumental que es este disfrutable y aterrador filme que plantea esta paradoja al desglosar con mucha astucia los elementos que llevaron al crack bursátil del 2005 en Wall Street que aún ensombrece la economía mundial. Un reparto estelar que incluye a Brad Pitt, Ryan Gosling, Steve Carell y Christian Bale, entre otros, hila un intrincado recorrido entre aquellos que previeron la crisis financiera y se construye un relato que entretiene por las socarronas elecciones del director Adam McKay por explicar en términos legos los galimatías bancarios y contables empleados en la descripción de hechos (como el utilizar a Selena Gomez y otros recursos de la cultura pop como ingeniosos instrumentos pedagógicos) y personajes tan delirantes que sólo pueden proceder del universo economista, a la vez que crea un nudo en la garganta ante las pavorosos resultados de sus especulaciones. Nunca creí escribir esto, pero el capitalismo jamás fue tan inteligente y ocurrente como en esta cinta.

“HITCHCOCK / TRUFFAUT” –En algunas ocasiones, la revelación del cine como arte e instrumento de exploración humana reside en quienes lo crean y no en las obras que producen. En el caso de este absorbente documental franco-norteamericano, la mirada se coordina por el asertivo director Kent Jones mediante las perspectivas provenientes de notables cineastas sobre un evento en concreto: la prolongada entrevista que el maestro Francois Truffaut le hiciera a otro, el legendario Alfred Hitchcock en 1962 con el fin de editarse en lo que ahora es uno de los libros indispensables para quien se precie de cinéfilo. La película discursa con fluidez tanto en la labor de estos brillantes directores como de la esencia del cine mismo a través de reflexiones, puntualizaciones y análisis de voces expertas como Martin Scorsese, David Fincher, Olivier Assayas, Peter Bogdanovich, Kiyoshi Kurosawa, Wes Anderson y Pauyl Schrader, entre otros. Fascinante en su trabajo revisionista y como documento de exploración cinematográfica.

“LA BRUJA” (“THE WITCH: A NEW ENGLAND FOLKTALE”) – El cine de horror funciona como tal no sólo ante la potencia de imágenes o despliegue de baratijas audiovisuales (v.g. estridencias repentinas), sino por sus planteamientos y subsecuente exploración. “La Bruja” es rica en planteamientos y lo que hace con ellos es simplemente macabro. La historia de una familia en la Norteamérica colonial sometida a una práctica de fervoroso catolicismo, sólo vulnera su estado humano cuando una bruja de naturaleza etérea comienza a destruir su vida de forma sistemática. Sin manipulación digital o gore a mansalva, la cinta sustenta su terrorífico proceder mediante personajes creíbles atados por su maniquea existencia pero conscientes de su humanidad. Potente y escalofriante (aún no puedo quitar de mi cabeza una secuencia que involucra a un bebé, más por su significado que por lo meramente visual), esta película es la muestra de cómo se puede y debe trabajar el género a expensas del éxito de charlatanes como James Wan y sus “Conjuros”.

“CHRONIC: EL ÚLTIMO PACIENTE” – El cine mexicano mantuvo una postura más mesurada este año, cimentándose en el mercado nacional ofertando miserias populistas abanderadas por apellidos funestos como Higareda, Chaparro, Ramones, entre otros. La alternativa se produjo mediante coproducciones que triunfaron en festivales extranjeros pero pasaron desapercibidas en nuestra cartelera. Tal es el caso de “Chronic: El Último Paciente”, desolador relato dirigido por Michel Franco, quien tuvo un interesante uno-dos con esta cinta y “600 Millas”, la cual produjo. En “Chronic…”, la moralidad ambivalente y el extravío existencial se concentran en un enfermero (interpretado con mucha maestría por el veterano Tim Roth) que purga sus demonios a través de un desmesurado cuidado a sus pacientes, labor que se expone con meticulosidad a cuadro hasta la última hez fecal que debe limpiar. Correcto y enfocado, el filme conmueve e inquieta en igual medida por su desmedida humanidad.

“KUBO Y LA BÚSQUEDA SAMURAI” (“KUBO AND THE TWO STRINGS”) – La propuesta apta para toda la familia de este año curiosamente no provino de PIXAR o Disney, quienes se mostraron sólidos en sus ejercicios fílmicos (“Buscando a Dory”, “Zootopia” y “Moana”), pero fue esta producción animada cuadro a cuadro – con varias asistencias digitales, faltaba más – la que se erige como la mejor cinta animada del 2016. Su trama – niño con destino glorioso emprende una gesta heroica por razones más que nobles – puede resultar conocida, pero su ejecución rebosa complejidad narrativa al dimensionar los personajes principales (Kubo, su mono mentor, un guerrero samurái hechizado) como seres palpitantes y emocionalmente coherentes, mientras se teje una profunda mitología alrededor de dicha gesta sustentada en mitos y leyendas japonesas. Su manejo de la plástica es hermoso aunado a una historia reflexiva y lírica que se mueve entre el dinamismo apropiado para la retención de atención y un manejo serio de los puntos dramáticos a explorar (relaciones familiares truncas, búsqueda de identidad, etc.). Grata sorpresa que obsequia ese raro presente al espectador: cine genuino para todas las edades.

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