Noé García Gómez

Esta semana se sobrepasó la cifra de 200 mil muertos a causa del COVID-19 en nuestro país, una cifra dantesca, por ello en el título de esta columna la pongo con todos sus ceros; más desconcertante cuando las estimaciones de las propias autoridades sanitarias del Gobierno Federal decían el 4 de mayo el 2020 que la cifra rondaría los 6 mil, después el 4 de junio del mismo año ajustó la cifra a 35 mil muertes y ahí mismo soltó la frase de que sería catastrófico llegar a 60 mil muertes.

Por lo anterior, a la población le quedó claro que ni por el Gobierno Federal, ni por la misma sociedad el coronavirus se contraloría, ya que ni el Gobierno Federal tiene una estrategia eficaz, ni la sociedad respeta las recomendaciones de salubridad, como el de no aglomeraciones, sana distancia, lavarse las manos y usar el cubrebocas.

La única esperanza es la vacuna, que al día de hoy es algo más deseado, cotizado y está escaseando, más que el oro y el petróleo.

Traigo esto a colación ya que México denunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU que a pesar de que se acordó distribuir las vacunas entre los distintos países sin importar su ingreso, hay 10 naciones que concentran prácticamente 3 de cada 4 dosis aplicadas.

Más de 200 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus fueron administradas en 107 países y territorios, lo que llama la atención es que un 45% de las dosis fueron inyectadas en los países ricos del G7 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón), pese a que sólo albergan a un 10% de la población mundial.

Paralelamente, el presidente estadounidense Joe Biden confirmó que entregará 2.5 millones de dosis de AstraZeneca a México. Pareciera que pone Biden las vacunas sobre la mesa de negociación, para tener el apoyo de México sobre el tema de migración y que represente un alivio para el presidente de Estados Unidos frente a los cuestionamientos del partido republicano sobre el tema. Un funcionario de la Casa Blanca agregó: “Nuestra máxima prioridad sigue siendo vacunar a la población de Estados Unidos, pero la verdad es que este virus no conoce de fronteras, y garantizar que nuestros vecinos puedan contener el virus resulta fundamental para proteger la salud y la seguridad económica de los estadounidenses”. Esto, aunado a que en aquel país del norte están aplicando la vacuna a todas las personas sin importar su estatus migratorio.

En el caso mexicano la vacunación avanza lentamente, pero avanza, la estrategia del presidente de vacunar a los municipios más pobres y que paralelamente tienen menos contagios, es polémica.

México ha administrado más de 4.7 millones de vacunas, a unos 4.1 millones de habitantes, siendo 832 mil trabajadores sanitarios los que han recibido la primera dosis de Pfizer, y unos 592 mil de ellos han recibido ya la segunda. Mientras que 3.2 millones de adultos mayores ya han recibido al menos una dosis. El Gobierno esperaba vacunar a casi 15 millones de personas de más de 60 años y a todo el personal de salud antes de que terminara marzo, pero los plazos se han extendido hasta por lo menos mitad de mayo.

La población sabe que su única salvación es la vacuna, por ello están dispuestos a recorrer kilómetros, pernoctar, hacer largas filas en condiciones incómodas, bajo los rayos del sol, no importa su edad y condición física, saben que aferrarse a la vida pasa por esa preciada vacuna.

La realidad es que, hoy hay una luz de esperanza para salir de esta crisis de salud, no por ello hay que bajar la guardia.

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