“…Ya nadie se escandaliza si un personaje público dice falsedades. Al contrario, asistimos, creo, a la legitimación de la mentira. Ah… y también la soledad…” Guiseppe Tornatore.

Ha sido un ejercicio cansado escuchar el informe y tratar de separar el grano de la paja. Ello me recordó una película que vi hace muchos años y a falta de nada mejor que decir, se las platico, apoyado en diversas fuentes.

Giuseppe Tornatore nació en Bagheria, Italia, el 27 de mayo de 1956 guionista y director de cine. Galardonado con importantes premios como los Premios Óscar, Globos de Oro, Premios BAFTA y el gran Premio del Jurado del Festival de Cannes. Creció en un ambiente familiar con su padre, Peppino Tornatore, un dirigente sindical y su madre Marianna. Su hermano es el productor italiano Francesco Tornatore. Giuseppe se aficionó a la fotografía desde muy niño. Se graduó con honores en el instituto de secundaria Francesco Scaduto de Bagheria. Más tarde, después de poner en escena, con tan sólo dieciséis años, textos de Luigi Pirandello y Eduardo De Filippo, se acercó al cine rodando documentales de gran valor artístico. El éxito más destacado de su carrera es su segunda película, Cinema Paradiso (1987), que ganó un Oscar y un Globo de Oro. Sin embargo, Tornatore, luego de su gran éxito  decepcionó a muchos con la película Stanno tutti bene,

Stanno tutti bene (Estamos todos bien) es una coproducción italo-francesa de 1990 con la extraordinaria música del recientemente fallecido Ennio Morricone, la fotografía de Blasco Giurato, montaje de Mario Morra, vestuario de Beatrice Bordone y la actuación, siempre superlativa de Marcello Mastrioianni, acompañado de Michèle Morgan, Valeria Cavalli, Marino Cenna, Norma Martelli y Roberto Nobile.

Obtuvo en 1990 una nominación al Premio “Palma de Oro” y el premio “Prize of the Ecumenical Jury”de Cannes,  en 1991 Premio “David” al Mejor Músico: Ennio Morricone y el premio “David de Donatello”y también en 1991 el Premio “Nastro d’argento” a Tornatore por Mejor Argumento Original (Sindacato Nazionale Giornalisti Cinematografici Italiani).

Tornatore realizó una melancólica película, llena de tristeza e ironía en la que muestra la indiferencia de la sociedad actual, hablándonos de la soledad de los adultos mayores y de las relaciones familiares, a su personaje aniquilado por las circunstancias quiso redimirlo a base de reaccionarios lagrimones. Tornatore es, sin embargo, una referencia obligada del cine italiano.

La trama de la película:

Matteo Scuro (Mastroinani) es siciliano, hombre autoritario, viudo y jubilado. Sus cinco hijos adultos viven repartidos por toda la Italia continental, pero nunca van a visitarlo, de modo que él decide aprovechar el verano para hacerles una visita  sorpresiva. Se dirige a Nápoles, donde se entera que su hijo Álvaro está de viaje. Después va a Roma donde le han dicho que su hijo Caiano tiene un brillante futuro político, solo para enterarse  que sólo es un modesto funcionario del partido.

En Florencia vive su hija Tosca,  presuntamente una gran actriz que no es más que una modelo que posa en ropa interior y además es madre soltera, pero engaña a su padre diciéndole que su hijo es hijo de una vecina y que ella lo cuida. En Milán está Guglielmo, a quien reputaba brillante compositor que resulta ser un vulgar músico insatisfecho con su trabajo. Finalmente, en Turín se reúne con Norma, que él cree funcionaria de una  importante compañía pero que en realidad sólo es una telefonista que se encuentra en crisis matrimonial. En casa de ella despierta en la madrugada, y escucha a su hija y a su yerno discutiendo, coincidiendo en que su presencia no era grata y que era mejor que no se enterara de lo que le había pasado a Álvaro.

Finalmente se entera de que su hijo Álvaro no está de viaje, sino que ganó un premio de viaje a las Maldivas y que al conocer de la visita de su padre se suicida arrojándose al mar, por temor a que descubriera que su vida era un rotundo fracaso. Su viaje ha sido una decepción tras otra.

Sus hijos no le cuentan nada. Cada uno de ellos vive su propia vida procurando no interferir ni incomodar en la tranquila vejez de su padre, quien siempre quiso tener una familia ideal, triunfadora y casi perfecta. Sus vidas han sido un fracaso, pero Matteo también se siente un fracasado después de la amarga decepción que ha supuesto descubrir la verdadera realidad de su familia y reconoce que no hizo un buen papel como padre por su autoritarismo y férreo control. Cuando vuelve a  Sicilia visita la tumba de su esposa y a manera de (auto) consuelo le dice: “Están todos bien”.

La crítica ha sido dura con la película, Tornatore tenía un cheque en blanco en la mesa, con dinero y  libertad creativa, tras el éxito mundial de Cinema Paradiso se arriesgó con Todos están bien, una de sus películas más ambiciosas tanto en la forma como en el contenido. Viaje emocional y surrealista de un hombre viudo, un inolvidable Marcello Mastroianni, en busca de sus hijos, desperdigados por la Italia de los años noventa. Sobre el papel esta mezcla prometía, pero el director naufragó por un problema de tonos en una película donde las escenas oníricas, que rozan el realismo mágico, se dan la mano de forma no muy acertada con pasajes más mundanos y entrañables. En esa mezcolanza naufraga Todos están bien, una película muy sobrevalorada…

Pero conozcamos la opinión de Tornatore cuando preparaba la filmación:

“Es una historia sobre la incomunicación y la mentira. Hoy las grandes distancias se han reducido muchísimo. Con un satélite o un fax puedo comunicarme en un instante con cualquier parte del mundo. Pero, al mismo tiempo, estos medios de comunicación han causado el alargamiento de las breves distancias: si tengo que hablar con mi hermana o el vecino, encuentro problemas increíbles. Es también un filme sobre la mentira, porque, en nuestra sociedad, inventar engaños se ha vuelto un mérito. Ya nadie se escandaliza si un personaje público dice falsedades. Al contrario, asistimos, creo, a la legitimación de la mentira. Ah… y también la soledad…”

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