Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

2 de octubre de 2018. Llegó por fin la deseada temida esperada fecha: 50 años del movimiento estudiantil de 1968 y de su trágica culminación…

En la Plaza de la Patria, alrededor de las 17 horas, el único signo que rompe la rutina del lugar, esta aflojerada tranquilidad de la “hermosa provincia mexicana”, es un equipo de sonido que proyecta “La maldición de la Malinche”, una canción setentera del cantautor Gabino Palomares; un personaje cuya producción artística no se entiende sin el ‘68, como no se entiende el país; como no nos entendemos nosotros, y así seguimos…

La plaza pública… El ir y venir de las personas, la bandera nacional de la explanada a media asta, el Palacio de Gobierno abierto, al igual que el comercio –a excepción de las bolerías de la plaza–, y un cielo de un azul intenso, luminoso, y no ese azul blanquecino; como echado a perder, que nos ha regalado el progreso… En algunos barrotes de la exedra han pegado hojas, suscritas por la Asamblea Autónoma Universitaria. Son la invitación a una Asamblea Estudiantil, que fue en días pasados, o que no fue, y en las que plantean una serie de exigencias relacionadas con el alto precio de la colegiatura, el acoso sexual, los perros busca drogas, etc.

En el horizonte sudoccidental aparece el helicóptero de la Policía Estatal. Viene hasta la plaza, la sobrevuela y se dirige al oriente. Como insecto que sigue su fototropismo, la aeronave se desplaza alrededor de la exedra. Por las puertas abiertas asoman dos hombres vestidos de negro, los cuerpos hacia fuera, los pies apoyados en los patines de aterrizaje. De seguro van amarrados a algo, porque en vez de usar las manos para aferrarse al asiento, las utilizan para sujetar las armas largas. Nada más que no vayan a comenzar a arrojar bengalas; nada más eso.

En eso vienen al centro de la plaza ocho jóvenes, a arriar la bandera, que desciende sin honores; sin solemnidad alguna. El “legado de nuestros héroes” es llevado al Palacio de Gobierno. Son las 17.45 horas, y hasta donde recuerdo, la bandera se arría a las 18.00, pero de seguro estoy equivocado; seguro es eso.

La enseña patria es introducida al edificio y, ahora sí, las puertas de la sede del Ejecutivo estatal son cerradas; no vaya a ser que a los manifestantes se les ocurra tomar el poder ahorita mismo; rapidito. Entre tanto el helicóptero vuela en círculos, se desplaza lentamente al sur de la Avenida Madero, y aproximadamente al llegar a la calle Morelos regresa; ahora sí que “a la altura de la calle Morelos”.

Finalmente acaba la música, y el silencio es ocupado por una mujer, que lanza una proclama: “Dos de octubre no se olvida / es de lucha combativa. Hoy, a 50 años de la masacre de Tlatelolco, un grupo de aguascalentenses que tenemos conciencia como mexicanos, de ese episodio negro de la historia, cuando el gobierno dictador de Díaz Ordaz, mandó asesinar a cientos; a miles de nuestros hijos, estudiantes en huelga, estudiantes movilizados de la UNAM, del Politécnico.

Porque el gobierno siempre ha respondido a las peticiones del pueblo, educación gratuita, de libertad a los presos políticos, el cese a la represión”…

Ante la inminencia de la llegada de la marcha a la plaza el helicóptero desciende y vuela a menor altura que la acostumbrada, digamos que a unos 50 metros por encima de las cruces que rematan las torres de catedral, y de la mítica águila de la exedra. Vuela tan bajo, que su sombra se proyecta sobre la plancha de la plaza. Como si se tratara de una enorme tarántula, el espectro se desliza veloz sobre la piedra cortada, sin que nada le estorbe. Se desliza por la explanada, trepa las paredes de los edificios y desaparece en las azoteas; hasta la siguiente pasada.

¡Qué miedo le tiene este gobierno a la juventud! ¡Qué miedo le tiene este gobierno a los estudiantes cuando estos se organizan, cuando el estudiantado es capaz de cuestionar los errores del mal gobierno! Es por eso que a los estudiantes que se atreven a cuestionar, a exigir, los persiguen, como pasó con los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Esos crímenes de Estado, esas masacres, siguen impunes; 50 años de impunidad

Termina la mujer y anuncia la intervención del maestro… No, mejor no escribo su nombre, para no facilitarle la chamba a los orejas de gobernación que seguramente andan por aquí y por allá, “de paisanos.La mujer lo presenta como cantautor “y autor, precisamente, de unos versos que nos va a interpretar”.

Pero ya llega la manifestación. El profesor comienza a tañer la guitarra y a cantar, los jóvenes, mayoritariamente mujeres, gritan y el aparato blanquiazul ruge, en una superposición de sonidos que impide entender qué dice quién, pero cuando me acerco a los jóvenes entiendo su clamor: “¡Vean, vean, vean! ¡Qué cosa más bonita!, la juventud se une, a la lucha socialista. ¡Dos de octubre, no se olvida, es de lucha combativa! ¡Rector, escucha, la UAA está en la lucha!”. Por su parte el profesor canta: “Vámosle caminando, y empiecen a buscar, 43 muchachos tenemos que encontrar. Sus familias esperando poderles abrazar… ayotzinapo soy, no me voy a dejar. Afronto al invasor, que me quiere matar”.

Ya todo el mundo está frente a la exedra, y todo el mundo no son más de 200 personas… ¿Tan poquitas? Bueno, es Aguascalientes. Aquí se llena la plaza para el jueves de Corpus Christi; para el desfile de primavera, para el quincenario y la Romería, para la jura de bandera y el festival de la ciudad, pero no para protestar en contra de la arbitrariedad gubernamental. Pero, ¿dónde están las representaciones de los partidos de izquierda; los morenos y petés y perredés?; ¿dónde andan los que desbancaron al partido de Díaz Ordaz y Echeverría en las pasadas elecciones? (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).