No García Gómez

En México cada año se grita como consigna: “Dos de octubre no se olvida”, para recordar aquel asesinato de estudiantes por el ejército en 1968 en Tlatelolco. Antes esta consigna era acompañada de algunos foros (hoy muy escasos), algunas marchas (cada año un poco más anárquicas y vandálicas, y que parecieran más un insulto a la memoria de quienes se pretende solemnizar); sólo veamos en lo que desembocó la ocurrencia de la jefa de Gobierno de la CDMX y su “cinturón burocrático de paz”, que expuso a civiles a las agresiones de los manifestantes; hoy pasaron 3 días  y todo regresó a la cotidianidad. Hay que esperar otros 364 días para conmemorar la fecha y lo que representa.

En años anteriores, cuando el gobierno federal o de la CDMX actuó y detuvieron a algunos, MORENA les dio el carácter de presos políticos; el saldo de 28 manifestaciones violentas a  largo de 5 años  fue de 500 detenidos por actos vandálicos y criminales; MORENA y su mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal impulsó la Ley de Amnistía. Que finalmente se aprobó en 2016 y hoy es manto de impunidad.

Ante esto pregunto: ¿no sería apropiado empezar a revisar él para que de esos cíclicos rituales? ¿Cómo podemos conmemorar una fecha tan significativa sin que se consuma en una efímera, caótica y violenta marcha?

Sin duda la incipiente vida democrática que permea en México, la pluralidad política en el estado es en una parte producto directo e indirecto de aquella batalla estudiantil del ‘68, ¿pero cómo les podremos saldar, la sociedad civil, progresista y de izquierda a 51 años, ese legado a los estudiantes y dirigentes caídos y detenidos en Tlatelolco? ¿Será con conciertos, festivales musicales, foros y anarco-marchas? La respuesta pereciera simple, pero constantemente se diluye: ¡con justicia!

Es triste como pasó el tiempo y en 1971 se repitió la represión de estudiantes, a lo largo de los años ’20 y ‘80 el gobierno operó la “guerra sucia”, con más de 500 izquierdistas desaparecidos o asesinados; en 1995 ocurrió la masacre de indígenas en Aguas Blancas; después en 1997 se repitió pero ahora en Acteal, en pleno siglo XXI en 2014, los desaparecidos de Ayotzinapa.

En ninguno de los casos hay, al día de hoy, justicia; todos han quedados impunes. ¿De qué sirve conmemorarlos y recordarlos si falta lo más importante? Justicia.

Hoy con la “izquierda” (sí, las comillas son concientes) llegó al poder, y no se ve más cercana la posibilidad de justicia que en los gobiernos anteriores, nos perderemos –como ha sucedido en estos tres días posteriores– en las consecuencias de las marchas y mítines, que si el cinturón de paz fue útil, que si la derecha infiltró a los provocadores o agitadores, pero esa discusión no es de lo ocurrido en 1968, sino de ese cíclico ritual secuestrado por seudogrupos de izquierda. La justicia para lo ocurrido a aquellos estudiantes, muertos, encarcelados, torturados y desparecidos en 1968 queda para mejor momento, será para el día previo al dos de octubre del próximo año; hoy caemos en la agenda del gobierno y estas minorías.

Repito, hoy con la “izquierda” llegó al poder, y no se ve más cercana, la posibilidad de justicia que en los gobiernos anteriores.