Noé García Gómez

El pasado jueves se conmemoró y recordó un año más de la masacre de estudiantes en el año 1968 en Tlatelolco, Ciudad de México, donde el entonces gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz era presidente de México y jefe máximo de las Fuerzas Armadas. Mas allá de que la conmemoración se convierte año con año, en un cíclico y mecanizado ritual, de marchas y consignas desideologizadas pero como buen pretexto para “el relajo”(cada año vemos imágenes de anarko-puncks y encapuchados); no debemos perdernos que dicha matanza dejó una profunda herida, hoy convertida en cicatriz en la incipiente democracia en nuestro país.

Han pasado 52 años, con la llegada de la alternancia y cierta madurez democrática, hoy con un partido que se dice de izquierda encabezando el gobierno federal; aunado a la constante vigilancia ciudadana, cada día pareciera que no pueda ocurrir una desgracia como aquella; pero con el retorno priista y su política de cooptación de la oposición y empoderamiento absolutista, la conformación de una aristocracia política que siente que todo lo puede, nos regresa a la realidad de lo endeble que somos los ciudadanos frente a la elite gobernante en todos sus niveles.

En Iguala, Guerrero se demostró que en pleno nuevo milenio seguimos siendo vulnerables para que en nuestro país se repita algo como lo ocurrido el 2 de octubre del 68; 25 estudiantes fueron heridos, 6 fueron asesinados por fuerzas policiales de aquel municipio por órdenes del Presidente Municipal José Luis Abarca y ejecutadas por el secretario de Seguridad Pública Municipal Felipe Flores Velazquez ambos con filiación al PRD y 43 siguen desaparecidos; así ese evento deleznable, no fue la derecha autoritaria priísta, ni la ultra derecha, fue por personas que fueron seleccionadas por un partido de izquierda el  PRD.

Pero la muerte de estudiantes y su desaparición –guardando proporciones- tiene un matiz similar a lo ocurrido hace 52 años; y que hoy la izquierda no puede minimizar. Vemos cómo en Chiapas siguen los grupos paramilitares auspiciados por el gobierno del partido verde, aliado de López Obrador y que persiguen y matan a los indígenas en Aldana y Chenalhó.

Hoy a 52 años de la masacre en Tlatelolco tiene que ser más que una consigna ¡2 de octubre no se olvida!,  hoy nos deberíamos preocupar y exigir que no se repita, que se investigue y se castigue.