Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 In memoriam Don Pascual Cutillas, transterrado por la guerra española, que eligió Aguascalientes para morir.

 

(UNA BEATA ALTEÑA EN EL VATICANO.- Disfrazada de viuda negra o de beata alteña como dice mi cuais Librado Jiménez, la no primera (¡gulp!) dama, acudió a llevar una cartita de AMLO M.R. a S.S. Francisco I, en la que en un tono ramplón, que se podía esperar del jefe de la 4T, le solicita en préstamo documentos de valor histórico que, se han conservado gracias a la atingencia del Vaticano. Se necesita no tener vergüenza para ir sin ninguna representación oficial, gastarse dinero del presupuesto en el viaje en vez de que lo hagan los embajadores y poner su cara de vaqueta después de lo que han dicho de la Iglesia ella y el no primer caballero. En fin ya veremos como le va cuando vaya con Trump a pedirle Texas y California, con la consabida disculpa.)

 

¿Qué se perdió el 12 de octubre? ¿Qué paraíso se perdió? No me refiero por supuesto a la grandiosa epopeya de John Milton, que recrea maravillosamente la batalla entre las huestes del ángel caído Luzbel y el fiel al señor: Miguel. Tampoco al flamígero ángel custodio del Paraíso Terrenal que en cumplimiento del divino decreto expulsó y cerró para siempre su acceso a nuestro padre Adán y a su segunda mujer: Eva. Lilith, la primera, hacía tiempo había decidido que estar sujeta a la voluntad del hombre no era ningún paraíso y rebelándose a yacer bajo Adán huyó, muy probablemente con íncubos y súcubos según tradiciones alternativas.

Algo tiene que ver con la idea de pérdida de un estado idílico de armonía y perpetua bienaventuranza o algo por el estilo, de la América precolombina, que por supuesto aún no era América. Las vestiduras desgarradas, las lamentaciones ante las que las Jeremíacas se quedan cortas, las imprecaciones y maldiciones contra los genocidas que con la espada y la cruz destruyeron “nuestro” modesto paraíso y dieron al traste con el desarrollo de la utopía ¿azteca?, ¿purépecha?, ¿maya?, ¿araucana?, ¿inca?, porque no me queda claro cual es el modelo civilizatorio que añoran o al que aspiran. No me parece que las condiciones de ninguno de los estados, ¿cómo les dicen ahora?, ¿pueblos originarios?, por más que ninguno haya sido originario, sea un modelo aspiracional para nadie. Sus mas grandes construcciones mostraban un atraso de tres milenios con respecto al nivel de la Europa del Renacimiento, sus obras hidráulicas, sus formas de cultivo, sus decorados y pinturas, su alfarería, su modesta aunque brillante artesanía, su estructura social clasista, su cosmovisión y su vida cotidiana, mostraban que, tendrían mucho camino por recorrer para llegar al estadio de civilización (no digo cultura) europeo. Tampoco elucubro si sea mejor o peor, simplemente considero que son pasos necesarios en la dialéctica del desarrollo.

Sin duda el descubrimiento (por cierto no se encontraron dos mundos, sólo uno buscaba y el que busca: encuentra) fue un trauma, lo fue también la conquista o avasallamiento como quería Ángel Hernández, que sentía que éste era peor que la otra, pero no fue el trauma de la derrota, quien más, quien menos, todos los pueblos de América en algún momento sufrieron derrotas, todos, de alguna u otra manera fueron vasallos, todos, sufrieron calamidades y ya, su misma cosmogonía los sometía a pruebas terribles, ser, por ejemplo, el pueblo responsable de que el mundo continúe y de que el sol siga saliendo, debe ser mucho más traumático que una derrota. El trauma, a mi manera de ver fue el enfrentarse con la necesidad de un desarrollo acelerado, no fue la derrota en sí, no fue la sangre a la que estaban acostumbrados, no fue el sacrificio al que no eran ajenos, sino el trastocamiento de su idea del mundo.

En un libro extraordinario, José Gaos, un transterrado español creador de la Casa de España hoy Colegio de México, “Historia de nuestra idea del mundo”, sostiene que la historia en realidad es el descubrimiento y el estudio de la idea del mundo que se tenía en una época determinada, mediante el análisis de los monumentos de la época. Así en la Edad Media toma La Comedia del divino Dante, la iconografía de la Catedral de Chartres y la Suma Teológica del sumo Tomás el Aquinatense. De alguna manera la infraestructura y la superestructura mantienen una cierta homeostásis pero la presencia de un disruptor como el Descubrimiento rompió el frágil equilibrio y trastornó todo su sistema de creencias: ese fue el verdadero trauma.

Ningún paraíso perdido. Pero sin embargo hay que buscar el pecado original y buscar al pecador original. Hay que encontrar en quien descargar nuestra frustración por la pobreza en todos sentidos en que se encuentran sumergidos nuestros pueblos.

Las utopías del Buen Salvaje son bien conocidas. En nuestra América, en este sorprendente y bellísimo continente de Siete Colores como le llamó Germán Arciniegas, el de las Venas Abiertas de Eduardo Galeano, el de la Raza Cósmica de José Vasconcelos, Alejo Carpentier, el de El Siglo de la Luces, escribió también Los Pasos Perdidos, una utopía americana, la tentación de regresar a una vida bucólica, idílica, alejado de la civilización, viviendo en comunión con la naturaleza, un El Dorado natural, una Misión ambiental para encontrarse brutalmente con la realidad el hombre, nos lo dijo Aristóteles, es un zoon politikon.

Basta de lamentaciones, el Paraíso se perdió, y el que voltea atrás se convierte en estatua de sal.

(DONDE LAS DAN LAS TOMAN.- Solía decir mi mamá que no es lo mismo comer que aventarse con los platos. No es lo mismo hablar ante un auditorio de aplaudidores seleccionados y con el aval del tlatoani, a tener que vérselas con senadores, que mal que bien, el más chimuelo masca rieles. De manera que sus recursos habituales: su sonrisa de niño bueno, su pretendida concesión de sencillez técnica, su envolvente palabrería de merolico y finalmente su majadería escudada en su presunta solvencia técnica, se estrellaron con los datos duros, con sus propias palabras que le hicieron tragar, con la grosera revancha por su prepotente visita anterior y con un interrogatorio duro del que no lo salvó la tibia solidaridad morena. Poco para lo que merece su criminal papel en la pandemia en México.)

 

bullidero.blogspot.com                 facebook jemartinj                twitter @jemartinj