MirceaMazilu

El pasado miércoles se cumplieron 109 años del estallido de la Revolución Mexicana, uno de los acontecimientos más significativos del pasado de México. Fue un 20 de noviembre de 1910 cuando el país se levantó en armas para cambiar su destino de una vez para siempre. En vísperas de la rebelión gobernaba este país Porfirio Díaz, un dictador que no otorgaba libertades y derechos a sus conciudadanos, sino más bien los reprimía. Los campesinos, los cuales representaban la mayoría de la población, habían sido despojados de sus tierras, avasallados y oprimidos. La joven y reducida clase obrera, por su parte, era víctima de la explotación y vivía en condiciones miserables. El desarrollo económico, con el que se suele asociar la regencia de don Porfirio, favoreció sólo a los extranjeros y favoritos del gobernador. En definitiva, en vísperas del 20 de noviembre de 1910 en México se respiraba descontentoy pesadumbre.

Francisco I. Madero, un rico terrateniente de Coahuila que soñaba con derribar el régimen dictatorial y hacerse con el gobierno del país, publicó en 1908 La sucesión presidencial de 1910, en el cual acusaba los males cometidos por Porfirio Díaz y pedía nuevas elecciones. No obstante, fue el Plan de San Luis, promulgado el 5 de octubre de 1910, el que llamó al país a levantarse en armas el 20 de noviembre de aquel mismo año. Una vez estallada la insurrección, la guerra entre revolucionarios y federales duró varios meses hasta que, el 25 de mayo de 1911, el presidente Porfirio Díaz presentaba su renuncia al poder. Después de un corto gobierno del presidente interino Francisco León de la Barra (25 de mayo-6 de noviembre de 1911), Madero tomaba por fin posesión de la dirección de México. Este presidente pretendió transformar el país en un Estado democrático moderno con amplias libertades.

No obstante, el mandato de Madero fue muy corto. El 22 de febrero de 1913 el líder revolucionario fue asesinado, por lo que el gobierno pasaba a manos de Victoriano Huerta. Este último quiso imponer una dictadura similar a la del “porfiriato” y someter a todos sus adversarios, reanudando de esta forma una nueva lucha contra los revolucionarios. Tras intensas batallas, el 23 de agosto de 1914 las tropas del general Huerta fueron derrotadas por el Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza, quien se había adherido al maderismo antes del estallido del levantamiento de noviembre de 1910. De esta forma, los revolucionarios salían vencedores. Pero la Revolución aún no acababa.

Tras la Convención de Aguascalientes de octubre y noviembre de 1914 se produjo una división entre los mismos revolucionarios. A partir de ese momento los villistas, aliados con los zapatistas, disputaron el poder político a los carrancistas hasta que fueron finalmente derrotados en la batalla de Celaya de abril de 1915. Esta derrota supuso la desintegración del movimiento villista y la victoria del carrancismo, que de ahora en adelante controlaría la política del país. Venustiano Carranza, quien había sido jefe del Poder Ejecutivo desde agosto de 1914, fue elegido presidente el 1 de mayo de 1917. Bajo su regencia fue promulgada la Constitución de 1917, con la cual se ponía fin a la Revolución Mexicana, aunque el país tardaría aún tiempo en estabilizarse.

La Constitución de 1910 es el símbolo más representativo del éxito de la Revolución Mexicana. En ella se plasmaron por escrito muchos de los sueños y deseos por los que los revolucionarios derramaron sangre. En ella se hace referencia a la devolución de la tierra a los campesinos, se fija el salario mínimo y la jornada laboral de ocho horas, se asegura la libertad de expresión, se establece la separación definitiva entre el Estados y la Iglesia, se determina la libertad de culto y se asegura la no reelección de los presidentes, entre muchas otras cosas. En definitiva, la Constitución de 1917 es la representación del triunfo del pueblo mexicano sobre la tiranía, la opresión y la injusticia.

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