Mircea Mazilu

El 2 de julio se cumplen 106 años de la muerte de Porfirio Díaz, uno de los personajes mexicanos más famosos. Ese día, pero de 1915, el que había sido presidente por más de 3 décadas fallecía en París a la edad de 84 años, dejando una fuerte impronta en la historia de este país. En el artículo de hoy repasamos los principales datos de su biografía y del período histórico conocido como el porfiriato.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca de Juárez el 15 de septiembre de 1830, siendo el sexto de los siete hijos que tuvo el matrimonio José Faustino Díaz Orozco y María Petrona Mori Cortés. Estudió leyes en el Instituto de Ciencias y Artes de su ciudad, donde conoció a Benito Juárez.

Porfirio Díaz se convirtió muy pronto en un destacado militar, luchando desde el bando liberal en la Revolución de Ayutla, la guerra de Reforma, la intervención francesa y el derrocamiento del emperador Maximiliano.

Tras las eleccionesde 1871, Díaz lanzó el Plan de la Noria, un movimiento que se pronunciaba en contra de la reelección de Benito Juárez. Este plan no tuvo éxito, sin embargo, el de 1876, elaborado en Tuxtepec, triunfó al destituir a Sebastián Lerdo de Tejada, quien había resultado reelegido presidente este último año.

Fue así como Porfirio Díaz se convirtió en presidente de México para los siguientes 35 años. A excepción del período 1880-1884, cuando el país fue gobernado por Manuel González, don Porfirio ocuparía la presidencia hasta 1911, siendo derrocado sólo por la Revolución Mexicana.

El porfiriato se caracterizó por un gobierno centralista y dictatorial ejercido al margen de la ley, una persecución constante y eliminación de los enemigos del mandatario, así como una premiación a aquellos que apoyaban la causa de este último.

En lo económico, este periodo destaca por un notorio crecimiento y cierta prosperidad. Se construyeron miles de kilómetros de vías férreas, se incrementó la explotación de los recursos naturales, se aumentó la producción agrícola, se desarrolló la industria, se levantaron todo tipo de edificios públicos, se extendieron los telégrafos y correos, se crearon bancos y se impulsaron las finanzas, por mencionar sólo algunos de los factores que permitieron el progreso de la economía.

No obstante, como bien se sabe, este desarrollo favoreció a un grupo reducido de personas, principalmente a los extranjeros, por un lado, y a los familiares, amigos y hombres afines a la figura del dictador, por otro. La inmensa mayoría de la población vivía en el campo, en condiciones de pobreza, servidumbre y represión.

Los campesinos se vieron despojados de sus tierras y obligados a trabajar como peones en las haciendas, que no dejaron de crecer en número y tamaño durante este período. En algunos estados, sobre todo sureños, los rurales se encontraban en condición de esclavitud, al considerarse propiedad y depender su destino de los ricos latifundistas. Es importante recordar también la guerra de exterminio que Díaz llevó a cabo contra ciertos pueblos indígenas, destacando los yaquis.

Don Porfirio renunció al poder sólo después del estallido de la revolución. El 25 de mayo de 1911 dejaba la presidencia en manos de Francisco León de la Barra, para que éste organizara nuevas elecciones. El ganador de estas últimas, como era de esperar, resultó Francisco I. Madero, el mismo que dio inicio a la sublevación contra el porfiriato.

Tras su renuncia al poder, Díaz se exilió en París, donde moriría un 2 de julio de 1915, como consecuencia de un deterioro de su salud. En 1921 sus restos fueron trasladados al cementerio Montparnasse de la capital francesa, donde se encuentran hasta hoy en día. A 106 años de su muerte, sigue siendo héroe para unos, villano para otros y figura central para la historia de México.

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