Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Dato histórico: Maximiliano I, consideró que no era prudente vivir en el Palacio Imperial que rebautizó como Nacional, y prefirió acondicionar un castillo que era un enclave militar, como residencia oficial y dejar el Palacio como sede del gobierno y no habitación del gobernante.)

Las encuestas que ha propuesto y llevado a cabo el Mesías Tropical, se han caracterizado por su falta de seriedad y por su previsible resultado, aunque no por sus efectos. El sexenio se inauguró con una encuesta fantasma para echar abajo la propuesta y construcción de primer mundo para sustituirlo por un aeropuertito tipo 4T, de medio pelo, propio para Macuspana, y que dio al traste con la posibilidad de ser un referente mundial y un eje aeroportuario para Centroamérica y el Caribe, lugar que ocupó el nuevo aeropuerto de Panamá. El AIFA no ha logrado ni logrará con su máxima funcionalidad desahogar al de la ciudad de México y el de Toluca por su ubicación, altura y capacidades no podría integrar la trilogía que soñó el presidente.

Luego vino, una encuesta inútil, porque no tendría que sustituir el ejercicio obligado de la acción penal contra delincuentes, por el resultado de una consulta al “pueblo”, habida cuenta de que el pueblo puede significar mil o dos mil personas. La supuesta encuesta se realizó para resolver si se enjuiciaba a los expresidentes, supongo que incluía al innombrable (Carlos Salinas de Gortari) que efectivamente no ha vuelto a nombrar. Encuesta en que la Suprema Corte, encabezaba por el zotaco ministro Lelo, que en su paso por la presidencia no logró abatir ni tantito la cacareada corrupción, le enmendó la plana al presidente con una preguntita que se formuló al pueblo. Un engaño más del embustero de Palacio que finalmente no fue ni chicha ni limonada. Ni se procesó a nadie, ni se sancionó a ninguno de los expresidentes y en cambió los protegió con un velo de silencio, salvo a Calderón, a quien, por cierto, no podría enjuiciar por el tiempo transcurrido y sólo lo uso como telón distractor del gobierno más corrupto, opaco y antidemocrático del México moderno.

La encuesta sobre el Poder Judicial resulta, si se quiere, más inútil, ridícula y amañada que las anteriores. Es cierto que, una encuesta sujeta a una cierta metodología, refleja con un margen de precisión, la opinión de un sector respecto de un tema. La validez o utilidad de la consulta es directamente dependiente de la calidad, preparación, experiencia y solvencia de los consultados. Si formulo una encuesta para que el “pueblo” externe su opinión respecto de si prefieren, por ejemplo, que la vacuna “x” sea oral o inyectada, muy probablemente triunfe la primera, aunque no tenga absolutamente ninguna validez. Igual de torpe sería consultar al pueblo si los árboles de la Alameda deben tener raíz cuadrada o tuberosa. Sin duda responderían, pero sería una estulticia.

La muestra de las tres encuestas, según informó SDP Noticias, una de las encuestadoras, rondó en las 1200 personas, procurando que fueran representativas. Aceptémoslo. La consulta apela a una opinión que parte, tal como se formulan las preguntas, de un conocimiento de oídas. Para acabarla de amolar, según los datos de las encuestadoras, el 52 por ciento de los encuestados manifestaron no tener conocimiento de la propuesta presidencial, probablemente eso hubiera bastado para descalificar la encuesta, pero ya se sabe, que, para el presidente, esos ejercicios no tienen más función que dar un viso de legitimidad a sus ocurrencias.

Es muy curioso escuchar las opiniones de los “enterados” cuatroteros, fifís o foforescentes, la mayoría banales, carentes de fundamento, confundiendo seguridad pública con persecución de los delitos y con la función jurisdiccional. Metiendo en el mismo costal policías, ministerio público y función judicial. Es lamentable, pero es el nivel general de los opinadores, que parten, al parecer, de una “representación social” del tipo “todos los políticos son rateros”. Normalmente la función de juzgar, como la de arbitrar en cualquier nivel y circunstancia tiene un hándicap de entrada. En un conflicto entre dos partes, normalmente una de las dos saldrá avante y la otra será condenada. Ello da, desde un principio, un porcentaje de un 50% que estará descontento con el resultado. Agréguele otro ingrediente en el que participan, negativamente los abogados, quienes, frecuentemente achacan a la venalidad del juez el mal resultado para su cliente. El litigante no asumirá su responsabilidad, sino que la proyectará al juez: “se vendió”.

Haciendo honor a sus orígenes priístas el presidente retoma una acción del presidente Zedillo, a la que en estas mismas páginas califiqué como “golpe de estado” (para los desmemoriados) y procederá a disolver la Corte, está vez apoyado en una mayoría efectiva y en una razón ficticia. Pero junto con su venganza, (especialidad de la marca López Obrador), no sólo cobrará facturas reales o alucinadas, contra los ministros que osaron votar contra sus “ocurrencias”, sino que el paquete vengativo incluirá desmantelar los controles, defensas y organismos que los mexicanos nos dimos, luego de la alternancia, para fortalecer los procesos democráticos. A la sistemática debilitación de los órganos de control, que incluyen el recorte presupuestal, la designación de titulares espurios e ineptos, el boicot al impedir su integración, los ataques sistemáticos desde su púlpito mañanero y las campañas difamatorias preparadas e implementadas desde la presidencia se une a toda una alucinada visión de un país y de un pueblo que sólo existe en su imaginación.

El gobierno de ocurrencias de López Obrador al parecer se prolongará con la señora Calca Sheinbaum, sin un diagnóstico serio, profundo, profesional, más aún, sin un diagnóstico, desmantelará y afectará a multitud de funcionarios preparados, responsables, conocedores, y a instituciones que han colaborado constantemente en la conservación del orden y la paz social.

La centralización del poder, como la ha conseguido el presidente, se llama dictadura. Como dice el colofón de la película alemana “Ha vuelto” de David Wnendt: “Siempre podrá haber un Hitler, porque siempre habrá gente dispuesta a creer en él”.

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