Víctor Hugo Granados Zapata

El pasado 3 de octubre conmemoramos 100 años del decreto que le dio vida a una de las instituciones públicas más importantes de nuestro país, la Secretaría de Educación Pública. A lo largo de este periodo, la SEP ha sido una institución que expandió y promovió la alfabetización, la mejora continua de los programas educativos, impulsó la carrera magisterial y aseguró el derecho a la educación de muchas generaciones de mexicanas y mexicanos, dejando a su paso una huella enorme en la vida de nuestro país. Por ello, en esta ocasión vamos a recordar su origen desde el contexto conflictivo en el que se construyó dicha institución y cómo la visualizamos hoy en día. ¿En qué contexto estamos celebrando el centenario de la SEP?

Previo a su fundación en 1921, la dependencia que se encargaba de la educación en nuestro país era la Secretaría de la Instrucción Pública, la cual durante el “porfiriato” determinaba los planes educativos, la promoción de la alfabetización y la cultura. La historiadora Anne Staples explica en el libro Historia Mínima de la Educación en México, editado por el Colegio de México, la labor de Joaquín Baranda, quien estuvo al frente de dicha dependencia desde 1882 hasta casi 1901, creando la primer Escuela Normal de México, con la colaboración de Ignacio Manuel Altamirano, Enrique Rébsamen y Enrique Laubscher (grandes exponentes de la formación de nuestro sistema educativo en México). Asimismo, Staples nos ilustra el contexto educativo durante este periodo, señalando que el país tenía un índice de 80% de analfabetismo, lo cual impulsó la creación de los Congresos de Instrucción Pública, presididos por Justo Sierra (otro exponente educativo vital), en los cuales se discutían los términos de la educación popular, la necesidad de cambiar el concepto de “instrucción” para especializar dicha dependencia a promover la “educación” (dejar a un lado la idea de la instrucción como medio para alcanzar la educación), la educación laica y la centralización de la educación (e impulso de construcción de más escuelas), lo que ocasionó que de tener 227 mil estudiantes en 1878, pasamos a tener 901 mil en 1910. De esta forma se sentaron las bases para construir, posteriormente, una secretaría o ministerio de educación.

Llegando la revolución mexicana, la concepción sobre la educación cambiaría drásticamente a un factor que hoy en día es imprescindible: la educación universal. Con la llegada de la Constitución de 1917, su Artículo 3° señalaba la obligatoriedad del Estado mexicano para impartir educación, de forma laica y gratuita, en todo el país. Es aquí donde entra José Vasconcelos, quien impulsó la creación de la Secretaría de Educación Pública durante el mandato de Álvaro Obregón en 1921. Siguiendo la lectura de Staples, hubo opositores a la continuación de la “Ley de Instrucción Pública” que impulsó León de la Barra en 1911, como fue Alberto J. Pani, quienes catalogaban que dicho modelo de gestión educativa era un “anacronismo pedagógico”, puesto que la nueva escuela mexicana debía centrarse en diferentes valores, como lo era la educación popular y la justicia social. Así pues, con la llegada de José Vasconcelos la creación de la SEP fue inminente. El historiador Enrique Krauze, en su libro Redentores, menciona cómo Vasconcelos impulsó la construcción de bibliotecas públicas en todo el país, pasando de tener 70 en el año 1920 a más de 1,926 en el año 1924 (cuando dejó el ministerio de educación). Así se construyó finalmente la SEP, a través de un sistema de transición complejo entre la instrucción pública de Porfirio Díaz al modelo de educación popular y social que, hoy en día, estamos construyendo y fomentando.

Es en este momento donde me pregunto ¿cómo estamos conmemorando los 100 años de esta institución? Desafortunadamente, vivimos una crisis educativa compleja que abarca el aumento de la deserción escolar, la ampliación de la brecha educativa y una gestión muy lamentable de la educación pública. La actual política educativa, en comparación a los enormes esfuerzos que realizaron los personajes fundadores de la educación pública, parece un chiste, se abandonaron los programas importantes para combatir el rezago educativo, como lo eran el programa de Escuelas Tiempo Completo y Prospera, por un sistema de becas universal que no han logrado frenar el aumento de la deserción escolar ocasionados por la desigualdad social y la pandemia (5.2 millones de estudiantes que salieron del sistema educativo, Ecovid Ed INEGI 2021). Presupuestalmente es otra desilusión, puesto que según un estudio realizado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, en 2015 se invertía 3.9% del PIB en el sector educativo (lo cual también era una cifra baja, en comparación a otros países), mientras que para 2021, esta cifra bajó a 3.3% ¿por qué no se está invirtiendo más en este ramo? ¿No es importante, para esta administración federal, el sector educativo? ¿No estamos viviendo una crisis educativa? Es así como estamos conmemorando los 100 años de la SEP, con un abandono institucional de la educación pública. Tan evidente en los presupuestos, en la política educativa e incluso en los actos simbólicos del Gobierno Federal. ¿Saben quién faltó a la ceremonia de los 100 años de la SEP el pasado miércoles? El presidente de la República. Ojalá vengan mejores tiempos (y personajes) para la educación pública de México.