Josémaría León Lara

La Revolución Mexicana, o mejor dicho, las Revoluciones Mexicanas dejaron vestigios que avalan su existencia, sus ideales y sobre todo su espíritu de lucha. Madero no quería lo mismo que Huerta, ni Carranza lo de Zapata, ni Obregón lo de Villa; y quizá nunca llegaron a un real y certero punto de acuerdo. La historia “oficial”, ha desfigurado la memoria de lo que en verdad sucedió en este país después del 20 de noviembre de 1910.

Los “hijos de la Revolución”, de algún modo u otro, debían legitimar su permanencia en el poder (71 años para ser exactos), y utilizar el fantasma siempre mal entendido y pésimamente interpretado de una guerra revolucionaria, que aparentemente cambió la realidad de este pueblo mestizo. A partir de 1929, el concepto de revolución sería utilizado como una bandera sedienta de alabanza y veneración.

Aquella revolución de revoluciones no nada más marcaría la pauta para el México del siglo XX, sino que también sería el concepto escudo para justificar absolutamente todo. Es prácticamente imposible contar, todas las veces que hemos escuchado que la Revolución triunfó; sin embargo es más complicado contestar, cual de todas las revoluciones fue la que triunfó por encima de las demás.

Supongo que todo esto obedece al acérrimo mexicanismo, pues ni siquiera de manera consiente podemos entender lo que en realidad es y pasa en este país. Desde que logramos retirarnos del grillete de la península ibérica, nacimos como una nación conformista, derrotista y ciertamente dividida. Desde la eterna lucha entre liberales y conservadores cada uno con su tesis, federalistas y centralistas respectivamente, hasta el principio del siglo pasado, cuando se descubrió que cualquiera podía llegar al poder, México nunca ha conocido verdaderamente la paz.

Suponiendo que existiera un algo, que hubiese propiciado la unificación nacional ésta sería la Constitución de 1917. La Carta Magna que obedecía a un nuevo orden nacional, misma que había sido antecedida por otras tres 1824, 1836 y 1857, mantenía la voluntad republicana, democrática, representativa, federal y laica, ideales que habían sido tomados prestados de los padres fundadores de los Estados Unidos.

Y si, la Revolución Mexicana se coronó con una nueva ley suprema, misma que este domingo cumple un centenario, desde que fue promulgada el 5 de febrero de 1917. Cien años en los cuales ha reinado por encima del resto de las leyes, (es importante mencionar que desde el año 2011, los tratados internacionales de los cuales México sea parte, también son ley suprema), más que sin embargo a la fecha solo quedan recuerdos de la voluntad original del Constituyente revolucionario.

A fecha del 15 de agosto del año pasado, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha sufrido en total 229 reformas; mismo que permite pensar, que en el siglo que tiene de vida, de la original a la actual son más las diferencias que las semejanzas. A diferencia de la Constitución de los Estados Unidos, que este año cumple 230 años y que en toda su historia, únicamente ha sido enmendada en 27 ocasiones.

Más allá de todo lo negativo que envuelve a nuestra Constitución Mexicana, sería irresponsable decir que estamos en condiciones de celebrar sus primeros cien años, pero sí es motivo de reflexión y visión a futuro. México necesita cambiar desde el fondo, requiere de una sacudida desde los cimientos… es por ello que me pregunto ¿valdría la pena una nueva constitución o adecuar de manera real la actual a las necesidades que vive el país?

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@ChemaLeonLara