Itzel Vargas Rodríguez

Esta semana se llevó a cabo el Foro de Juventud del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC) en New York, lo que atrajo la concurrencia de altos ministros a nivel mundial, pero también a muchos jóvenes que deseaban opinar sobre la situación en la que se encontraban en sus países y en qué era en lo que se debía de trabajar. Este tipo de eventos son impresionantes en todo sentido. Desde los lugares en donde se realizan (grandes espacios con los asientos acomodados en forma semicircular) con micrófonos para todos los invitados, porque ahí todos tienen la misma importancia, como aquella mesa redonda que alegóricamente promovía el legendario Rey Arturo, donde todos al hablar, tenían igualdad de importancia y trato. Pues bien, ahí se apela al humanismo, a la equidad, diversidad, respeto a los derechos humanos, tolerancia, entre muchos otros, pues en la cooperación internacional el propicio desenvolvimiento de cualquier ser humano en el mundo es, o pareciera ser, la preocupación más importante.

Cooperación Internacional, esta curiosa palabrita conlleva en sí las acciones por las que un país o una institución ayuda a una población de forma voluntaria, o a manera de convenios, normalmente en temas sociales como salud, educación, derechos humanos, no discriminación, economía, sostenibilidad, etc.

¿Y por qué debiera importarnos hablar de ello? Pues porque en cada una de esas reuniones organizados por instituciones internacionales, se llegan a acuerdos importantes, históricos, con representantes de cada país que muchas veces son activistas sociales, profundamente preparados en los temas que discuten y en donde su palabra es “la que sabe” por decirlo de alguna manera. Pero no sólo acuerdos, también ocurren muchas ideas, muy buenas, en ese foro que podría presenciarse vía streaming, los jóvenes no sólo participaban denunciando lo que faltaba en su entorno, sino que promovían ideas para llevarlo a cabo. Y todas aquellas ideas tienen la función de ser promovidas por los países, llevan consigo una serie de estudios poblacionales, regionales, estratégicos, con líneas de acción muy bien planteadas, el punto problemático aquí es, que la mayoría de las veces los países ignoran muchas de las recomendaciones que los organismos emiten, y entonces sí, después de un tiempo en que las cosas se tornen mal, aplica el dicho coloquial “te lo dije”.

Pero qué diferente ocurre, cuando una acción social del gobierno permea hasta los organismos internacionales o de cooperación internacional, a tal punto de ser ejemplo mundial. El otro día estaba viendo precisamente noticias de organismos como CEPAL, OIT o UNFPA y me topé con una nota que me sorprendió: la convocatoria de innovación urbana del BID en el que de entre las distinciones ganadas por Seúl, Vancouver y Viena, aparece Aguascalientes con la Línea Verde, y es el único lugar del que se explica en qué consiste. ¡Wow! el estado siendo foco mundial y comparado con estas ciudades mundialmente reconocidas por sus perfectos esquemas de organización que promueven la sostenibilidad, es un logro muy grande. La nota versa: “el proyecto enterró un enorme gasoducto y transformó una tierra de nadie en un espacio verde y público que hoy disfruta toda la comunidad”.

Tal vez estamos como ciudadanos muy acostumbrados a ver cómo las noticias sobre el gobierno, cuando éstas son positivas hablan sobre los temas de necesidad diaria: luz, agua, obras públicas, salud, seguridad… y eso ya no nos sorprende, porque es el deber de cualquier servidor público. Pero es muy raro visibilizar acciones de gobierno que se salgan de la línea convencional y aporten un “extra” a la sociedad, ese “extra” que estamos más impresionados de ver en universidades o entre nuevos protagonistas emprendedores.

Los gobiernos sistemáticamente programados para cumplir la función que se les ha encomendado ya no causan furor, lo hacen, los que promueven ideas visionarias, con un toque de creatividad y con una constante retroalimentación ciudadana, como aquellas anunciadas en los foros de cooperación por aquellos activistas, ideas que revolucionan todo: mente, cuerpo y espíritu.

¿Cómo regresarle el encanto a las acciones del gobierno? ¿Cómo atender integralmente las necesidades sociales, con un toque de modernismo y vanguardia?

Alegrémonos porque estamos por lo pronto en el ojo mundial de organismos internacionales y como un ejemplo a seguir, el chiste como todo, es no estancarnos.

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