Ricardo Vargas

Durante los últimos días ha destacado la noticia de que el Programa de Estancias Infantiles (PEI) sufrió un recorte presupuestal de casi el 50% para este año, pues dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019 se asigna un presupuesto de 2,041 millones de pesos, mientras que en 2018 el monto asignado fue de 4,070 millones de pesos.

El principal objetivo del PEI, de manera simple, es apoyar a madres y padres solos (en condición de pobreza o carencia) con el cuidado y atención temprana de sus hijos, de manera que puedan desarrollarse académica y profesionalmente de la mejor manera posible.

Por el lado de la oferta del programa existen dos figuras por las cuales se brinda el beneficio. La primera de ellas es por medio de una compensación económica directa, que se le da a la madre o padre con la intención de que pueda solventar los gastos de una estancia infantil para su hijo. Esta compensación es de $900 pesos cuando el niño tiene entre 1 y 4 años, y de $1,800 cuando el niño presenta alguna discapacidad y tiene entre 1 y 6 años. El segundo esquema de apoyo es a través de aportaciones económicas a personas físicas que busquen acondicionar algún espacio para instalar una Estancia Infantil. En este caso el apoyo por parte de la Secretaría de Bienestar Social es de hasta 70,000 pesos para la iniciación formal de la estancia.

Y del lado de la demanda, el programa define a la Población Objetivo como el grupo de madres y padres (solos) con hijos en las edades mencionadas y que están en condición de desempleo, subempleo o empleo sin acceso a seguridad social, viviendo además en hogares en condición de pobreza. De acuerdo con información del programa, en 2012 la Población Objetivo se ubicó en 919,129 personas, mientras que la Población Atendida en el mismo año fue de 276,779 personas. En 2017, para los mismos grupos se estimó un total de 779,857 y 310,968 personas, respectivamente. Esto significa que en 2012 el programa alcanzó una cobertura del 30.11%, mientras que en 2017 fue de 39.88%. En este sentido, se observan dos factoresimportantes. Por un lado está una disminución en la población en condiciones de pobreza, pero por otro lado existe también un crecimiento importante en la Población Atendida.

De acuerdo con la Evaluación de Impacto al PEI por el Instituto Nacional de Salud Pública en 2011, para el caso de las madres con hijos de 1 a 4 años, la tasa de ocupación fue del 36.3%, mientras que las madres con hijos de 12 a 18 años registraron tasas de ocupación del 47.4%. Además, se estima que el PEI aumenta en 18% la probabilidad de las madres de encontrar un empleo, e incrementa su tiempo de trabajo en 7 horas semanales (equivalente a un aumento del 21%). Por otro lado, se estima que, si el programa dejara de brindar apoyo, el 34% de las madres dejaría su empleo para poder hacerse cargo del cuidado y atención de sus hijos.

Parece claro entonces, que una reducción en el presupuesto del programa tendría efectos negativos sobre la participación de las madres en el mercado laboral. Sin embargo, el argumento de dicho recorte se basa en el combate a la corrupción y la ineficiencia en la asignación de los recursos. Como se comentó al inicio del texto, la segunda vía de apoyo del programa consiste en apoyos directos a estancias infantiles, y es precisamente aquí donde se dan los problemas.

El hecho de transferir recursos a estancias infantiles y no directamente a las madres, deriva en que finalmente llevarían a sus hijos a la estancia más cercana que cuente con este apoyo federal, sin que sea necesariamente la mejor opción. No quiero decir con esto que el programa no sea eficiente, sino que la segunda vía de apoyo no fomenta la competencia entre estancias, además de que abre un espacio para que las estancias que reciben el apoyo puedan usar de manera incompleta o ineficiente los recursos recibidos.

La solución no estaría entonces en recortar los recursos al programa, sino en redireccionar las vías de apoyo y darle un mayor peso a los apoyos económicos directos, situación que incluso podría fomentar la competencia entre estancias infantiles ya establecidas pues los beneficiarios tendrían en sus manos un recurso económico con el cual podrían elegir la estancia infantil que crean más eficiente, y no la que les brinde el servicio gratuito.

Agradezco a El Heraldo por esta oportunidad de expresión y colaboración, confiando en que será una grata experiencia. Nos leemos el próximo domingo.

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@1ricardovargas