NOÉ GARCÍA GÓMEZ 

Llevamos dos semanas de escasez de gasolina, y la sociedad dependiente (o adicta sea el grado de dependencia) a dicho combustible, está desesperada y llegando a generar una crisis más allá del traslado de los automovilistas. Filas interminables de autos en centrales de abastecimiento, cadenas de información en redes sociales de los puntos donde llego el combustible, y hasta uso moderado del auto, ¡sí! aunque no lo crea las calles están más tranquilas, (circuló el chiste de que algunos descubrieron que podían ir a la tienda de la esquina ca-mi-nan-do).

Ante tal situación es preciso preguntarnos y analizar ¿Qué pasaría cuando escasee el gas, la electricidad, o el agua? ¿Qué pasaría si por lo anterior comienza a fallar servicios como la recolección de basura?

La realidad es que los habitantes de las urbes como la nuestra, los gobiernos federal, estatales y municipales nos tienen mal acostumbrados. Como padres que “miman” a sus hijos, les entregan prácticamente todas las condiciones y todo, lo que contribuye a una cultura del derroche y desperdicio.

Vemos como por años subsidiaron la gasolina con los impuestos de todos, los gobiernos construyen calles, pasos a desnivel y puentes elevados para poder gastar y derrochar mejor ese combustible, sin que padezcamos embotellamientos que nosotros mismos provocamos. El Estado con más autos per cápita, Aguascalientes, sigue sin tender una política de trasporte colectivo de primer mundo.

Lo mismo pasa con el gas, se derrocha en calentadores de agua y calefactores, la fobia ya no a lo frío sino a lo tibio, provoca un uso indiscriminado del gas, no para calentar alimentos, sino para que no suframos de una temperatura por debajo de nuestro gusto.

Vemos como se sigue subsidiando el agua, está a la mano solo con abrir una llave y de manera prácticamente ilimitada, llegando al extremo de derrocharla regando nuestro ornamental, estético y sediento pasto con agua de primer uso, dejando correr de la regadera el agua fría, lavando pisos y vehículos con manguera, llenando una y otra vez albercas, etcétera. Un estado en foco rojo de problema de seguridad nacional como Aguascalientes en el problema del agua sigue sin ser conciente del cuidado. Todavía autoridades no hacen verdaderas políticas de concientización de la cultura del cuidado y reuso de tan importante líquido.

Pero también en cuestión de organización y limpieza, tenemos años sintiéndonos orgullosos de que Aguascalientes es una ciudad internacionalmente reconocida como limpia y pulcra, pero déjeme les digo algo que no quisieran leer ni escuchar, no es por sus ciudadanos, sino por las autoridades, contradictoriamente a una ciudad limpia emitimos un número grande por encima de la media de basura por persona, tan es así que saturamos ya un relleno sanitario y está por encima de su capacidad el segundo. Basta que el camión recolector de basura no pase unos días y se evidencia el Ecoloco (personaje de Odisea Burbujas) que llevamos dentro. Contenedores repletos de nuestros desechos, sin un mínimo de reciclaje, reuso, reducción o separación de la basura. Pero además con toda desfachatez y descaro cuando no pasa el “camión de la basura” tomamos fotos de nuestra basura que saturó el contenedor y la subimos a las redes sociales para “evidenciar” al Ayuntamiento de que no levantó nuestro desorden.

Así es, vivimos en un sistema que todo nos ha dado y mimado, no por ello digo que no exijamos servicios de calidad y que mejoren nuestras vidas, sino que nosotros como ciudadanos los valoremos y por ello contribuyamos a cuidarlos.