Gerardo Muñoz Rodríguez

Durante la semana pasada, las gélidas montañas de Davos fueron anfitrionas de la cuadragésima octava reunión del Foro Económico Mundial. El evento, como cada año, estuvo albergado por presidentes, empresarios, líderes políticos y sociales, gobernadores de bancos centrales, inversionistas, dueños de grandes corporativos, entre otras figuras de los 52 países representantes. Entre la mayoría de la élite financiera del mundo, reinó un adjetivo que no tenía esos niveles desde hace ya algunos años: el optimismo.

La francesa Christine Legarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional, afirmaba que la economía mundial va por el camino adecuado; ya que, en los próximos años, podremos observar como las tasas de crecimiento mundial se elevan en todas las regiones del mundo. Al cierre del año 2017 y en base a datos de la propia organización liderada por Legarde, la economía global llegó a 3.7 por ciento. Se espera, según sus palabras, que este porcentaje no se vea mermado por el año en curso, sino al contrario, que alcance niveles superiores.

Sin embargo, antes de destapar el champagne y vislumbrar un mejor futuro para toda la humanidad, es necesario reflexionar sobre algunas cuestiones que no fueron profundizadas en el selecto club.

El gran abismo entre las personas más adineradas y el resto del planeta, continúa sin poder recortarse. Tan solo en el año pasado, la firma Oxfarm menciona que el 82 por ciento de la riqueza mundial generada, fue a parar apenas al uno por ciento de la población. Así es, estimado lector, tan solo al 1%.

Estas cifras son alarmantes, ya que, si no se logra una economía más inclusiva, los índices de pobreza no podrán ser contraídos y la brecha de desigualdad, parecería, desgraciadamente, algo con lo que tendremos que aprender a subsistir.

En el caso particular de México, esta cuestión es una realidad que no parece tener final en el corto plazo. Según un estudio del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, para este año los niveles de pobreza irán en aumento derivado del efecto sobre el poder adquisitivo de las familias, ocasionado por el repunte de la inflación. Ya que como hemos mencionado anteriormente, esta alza generalizada de los precios, tiene a sus mayores víctimas en las personas con graves niveles de marginación en el país.

Otro de los temas poco abordados, fue la diversidad de riesgos geopolíticos que pueden presentarse en este año y ocasionar un severo daño a la economía mundial. Contenidos que van desde la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, las negociaciones que deberá comandar Reino Unido tras su salida de la Comunidad Europea, la relación de Estados Unidos con Irán en el precepto nuclear hasta la militancia en África, que ha ocasionado miles de muertes a manos del terrorismo; son apenas algunas de las limitantes de un desarrollo económico sostenido.

Al presentarse estos altos niveles de optimismo, muchos países tienden a bajar su guardia ante los diversos factores que pueden ocasionar una crisis financiera. Una mal planeada salida de una política monetaria expansiva, que ha reinado en los últimos años, puede ocasionar fuertes dolores de cabeza a los bancos centrales de todo el mundo. Hemos visto como a nivel mundial, el costo de dinero se ha encarecido y el acceso al crédito debe de ser mejor evaluado por los empresarios. El último en subirse a este carrusel, parece ser el Banco Central Europeo, esto ya que la confianza en la convergencia de la inflación hacia el objetivo ligeramente por debajo del dos por ciento parece haberse reforzado claramente.

De esta forma, vemos cómo año con año más tres mil líderes mundiales se congregan con la finalidad de hacer frente a las principales adversidades en el mundo; las cuales, dicho sea de paso, continúan siendo las mismas y se carece, año con año, de soluciones integrales que logren disminuirlas o inclusive erradicarlas. Ante esto, cabe el cuestionamiento sobre el verdadero alcance que se tiene de estas lujosas y acaudalas reuniones.

 @GmrMunoz