Hay que elegir con prudencia y con responsabilidad, al momento de ir a votar, destacó el P. Carlos Alvarado Quezada al señalar que votar es un deber bajo conciencia, por lo que no debe fomentarse el abstencionismo.
“No hay que dejarnos llevar por discursos retóricos, sino por mensajes pragmáticos; no nos dejemos seducir por palabrerías que sólo nos endulcen el oído”, recomendó.
El ministro religioso consideró fundamental que antes de votar, nos informemos sobre los antecedentes de la persona, su capacidad, honorabilidad y demás virtudes esenciales, además de experiencia en la administración pública y qué desempeño tuvo la persona.
En efecto, dijo, el voto debe ser libre y secreto, pero debe ejercerse de manera informada, ya que de acuerdo al cargo, son seis o tres años de ejercicio y es responsabilidad de todos escoger las mejores opciones para gobernarnos.
“Necesitamos gente capaz de orientar con firmeza y suavidad los esfuerzos de la sociedad y el Gobierno, con una mirada de largo alcance”, añadió.
El vocero de la Diócesis local explicó que además de estrategias y modelos de gestión, requerimos de la configuración de presupuestos civilizatorios capaces de impulsar un desarrollo humano, sostenible, integral y solidario.
“México no puede fragmentarse en juicios parciales, ni viscerales; somos una nación con un gran pasado, un presente desafiante y un futuro lleno de oportunidades”.
Aseveró que hay mucho que hacer todavía, hay indignación y graves realidades de exclusión que nos sacuden y violentan. Sin embargo, éstos no pueden opacar nuestra mirada sobre el bien conquistado.
“La crisis ética no es exclusiva del Gobierno, es un cáncer presente en toda la humanidad que tenemos que combatir con audacia, prudencia y sabiduría; no podemos acostumbrarnos, ni dejarnos vencer por el mal, menos aún justificarlo; estamos llamados a vencer el mal con el bien”, expuso.
Finalmente, comentó que así como hemos creado un ámbito de instituciones creíbles en el contexto electoral, estamos llamados ahora a levantar una gran reforma política que asegure instituciones de gobierno más estables y creativas, frente a los desafíos del mundo, renovando la vida partidista, la valiosa interacción con la sociedad civil, el empresariado, el mundo del trabajo, así como la vida académica y cultural, siendo corresponsables e incluyentes.