Vocación metropolitana

Por J. Jesús López García

Una de las modalidades de la arquitectura propia de la modernidad son los edificios de oficinas. No es que no existieran, desde el siglo XIX con el advenimiento del progreso industrializado como principio de bonanza económica, se requirió de más espacio para quienes, al margen del quehacer duro y concreto de la producción fabril, también se convirtieron en parte de la producción en sus aspectos logísticos de distribución, compra de componentes, planeación de cómo manejar los recursos materiales y humanos, entre otros.

La burocracia administrativa siempre ha estado presente, sin embargo fue hasta el siglo XIX cuando se convirtió en un fenómeno explosivo. Si eso se suma a la expansión de las ciudades el efecto es más potente todavía. No llega a ser tan cuantioso en las metrópolis como la vivienda o como el comercio, pero el fenómeno de los edificios de oficinas, tiene el potencial de constituirse en el espacio urbano como una serie de hitos de referencia básica. De los tres primeros inmuebles altos modernos de nuestra ciudad aguascalentense, dos fueron concebidos para oficinas, el Condominio Aguascalientes y la Torre Plaza Bosques; el primero fue la torre de Telmex, la que también sin embargo y no obstante no ser considerada como edificio de oficinas, también las tiene en el conjunto.

Los bloques de oficinas pueden tener el brillo del progreso social y económico, el contar con un espacio en uno de ellos puede revestir cierto prestigio. Y es que tienden a mostrar un perfil de altura física que parece elevar las expectativas de quienes los utilizan. Esos progresos social y económico también se manifiestan en las grandes plantas industriales, pero su expansión más bien horizontal -aunque más grande-, no tiende a manifestar ese alejamiento del piso que si procuran los edificios de más de tres niveles.

Buena parte de las obras mas notables del llamado “estilo Internacional” -bautizado así en los años treinta del siglo pasado-, fueron -y son todavía, pues algunos permanecen en pie-, edificios de oficinas, algunos casi fundacionales del género como el Seagram Building por Mies van der Rohe (1886-1969) o el rascacielos Lever House por Gordon Bunshaft (1909-1990) de la firma Skidmore, Owings & Merril. Son grandes torres de plantas abiertas y libres repetidas verticalmente a lo largo de más de cien metros de altura. Muchos otros de vivienda, de alguna manera emularon a sus contrapartes de oficinas y juntos de manera indiscriminada, han establecido un perfil muy similar en las grandes ciudades de todo el mundo.

Aguascalientes es una ciudad que se destaca por un crecimiento expansivo más horizontal que vertical, por lo que los edificios altos son pocos -considerando que la población de nuestra ciudad es realmente significativa, lo que aún nos lleva a pensar en los inmuebles de más de cuatro niveles como excepciones en el perfil de nuestra ciudad y no en los definidores de la misma. Uno de los últimos edificios de este tipo -que no es ni por mucho el más alto- es aquel ubicado en la avenida Universidad No. 1301 esquina con la calle Paseo Sierra Hermosa, y que alberga en su planta baja al menos, a una casa de cambio. Es un edificio que plasticamente llama la atención con un plano curvo desde el que se abren vanos profundos horizontales muy estrechos –seguramente para mitigar el impacto del fuerte sol del poniente- y hacia el sur, aprovechando un asoleamiento más benigno, se cuenta con un plano de vidrio entintado color verde a casi toda su altura. El edificio se desplanta desde un elemento que a manera de pódium está recubierto en piedra gris oscura. Como se ve, no es necesario esperar a construir una obra de más de diez pisos para hacer una arquitectura agradable y expresiva.

En su crecimiento horizontal, Aguascalientes tiene en modelos como el mencionado un buen ejemplo de lo que puede seguirse implementando para densificar la construcción, al tiempo de tratar de elevar el perfil de la urbe para no apreciarla desde sus avenidas principales como una banda plana con pequeños locales que se olvidan al dejarlos atrás. No es tanto imitar el perfil de las otras ciudades, es buscar alternativas para frenar aunque fuese un poco, el crecimiento que se desborda a la periferia dejando huecos en el interior de la mancha urbana y además establecer en el imaginario del transeúnte, referencias físicas a las qué acudir para hacerse un mapa mental de la ciudad más legible y amable.

Vivimos en una ciudad que se acerca al millón de pobladores, la mitad de lo que originó que la ciudad de Chicago creciese hacia las alturas con los primeros rascacielos; es difícil que se deje atrás el desarrollo horizontal, pero estos edificios de mediana altura, son elementos que nos recuerdan que Aguascalientes aún tiene una vocación metropolitana.

Sin embargo, a pesar que aún la ciudad se percibe horizontalmente, es indudable que cada vez más aparecen en el perfil citadino edificios con una tendencia hacia la vertical, basta citar como ejemplo al campus de la UAA.