Luis Muñoz Fernández

En el Hospital Hidalgo se respira una pasión por transmitir el conocimiento. Siempre ha sido así. El hecho de que el Edificio G de su nueva sede, destinado a la enseñanza, no se haya concluido todavía, no ha podido impedir que la labor pedagógica siga adelante, ininterrumpida, desde el primer día en el que nos mudamos a las nuevas instalaciones.

Hasta ahora, la enseñanza, además de llevarse a cabo en todo el Hospital (áreas de hospitalización, consultorios, etc.), usa espacios que, sin haber sido pensados para ello, se han convertido en aulas. La de mayor superficie la llamamos “auditorio”, en espera de poder estrenar el que todavía espera su conclusión.

Cuando salgo del Servicio de Anatomía Patológica me topo con varios de estos recintos y casi siempre los encuentro ocupados, no sólo por estudiantes de las ciencias de la salud, por los médicos residentes y sus profesores, sino, por ejemplo, por el personal del Servicio de Ingeniería Biomédica. El caso es enseñar, una actividad que nunca cesa. Una venerable tradición de nuestro hospital.

En estos días de reinicio de clases en las escuelas y universidades de la ciudad, se renueva entre nosotros el vínculo milenario que ya describía el Juramento Hipocrático, cuya antigüedad se remonta a unos 500 años antes de Cristo: “Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirle en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos; enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos, y a los hijos de mi maestro y a los alumnos comprometidos y que han prestado juramento según costumbre, pero a nadie más”.

Aunque el ejercicio y la enseñanza de la medicina en su más noble expresión pueden florecer en cualquier lugar, por humilde que sea, no cabe duda de que unas instalaciones modernas, amplias y luminosas como las que hoy disfrutamos en nuestro hospital-escuela tienen un impacto positivo indudable en la labor docente.

Y eso no es cosa menor: entre nosotros se forman los futuros médicos generales y especialistas que habrán de servir con conocimiento, pericia y compasión a la humanidad doliente. ¿Qué nos esperará cuando contemos con las instalaciones óptimas para formar a los futuros profesionales de las ciencias de la salud?

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