Por J. Jesús López García

Con la Revolución Industrial, que dio inicio en el siglo XVIII se intensificó en el XIX, se produjeron cambios profundos, tales como el aumento de la población industrial y la mecanización de los sistemas de producción. En la arquitectura se modificó la técnica constructiva: los materiales «tradicionales» como el ladrillo, piedra y madera se unieron a la fundición, al vidrio y al concreto. Se mejoraron las instalaciones y la geometría descriptiva.

Se incrementaron las cantidades: las calles se ampliaron, los canales fueron mayores, aumentaron el número de viviendas, y nuevas tipologías –fábricas, almacenes. Los inmuebles e instalaciones tienen un significado distinto del pasado diferenciándose entre el inmueble y el terreno. Los materiales recientes como el hierro permiten otros sistemas arquitectónicos; grandes claros, como en los puentes. La industria del vidrio realiza considerables avances técnicos. Los materiales tradicionales son sustituidos por nuevos.

En el caso de Aguascalientes se tuvo un aumento considerable de su número de habitantes con la llegada de los talleres del ferrocarril y las instalaciones de la Gran Fundición a fines del siglo XIX, esto es en menos de 30 años. La urbe va adquiriendo ciertos acentos, determinadas maneras de adaptarse al modo de vida de sus habitantes, situación que la arquitectura también hace suya contribuyendo a ese adaptarse.

La extensión de las metrópolis y los procesos industriales cada vez más presentes en la vida cotidiana contribuyeron a cambiar el paradigma de habitar una casa. El esquema de patio y zaguán o variantes en predios más reducidos con medios patios o andadores laterales fue siendo replegado por la construcción de casas más compactas, fuera por una tendencia a imitar los partidos anglosajones de chalet o bien, debido a una lotificación menos holgada que la tradicional, debido ello a su vez, a la búsqueda de mayor rentabilidad en proyectos inmobiliarios, ya que el mercado en capitales como la nuestra, se conforma por una clase media y un sector muy amplio que recurre al interés social.

Esa nueva forma de habitar más compacta también tiene una relación importante por el tiempo y el modo de ocupar la vivienda pues el trabajo en casa, o cercano a ella, propio de los barrios tradicionales, en favor de los centros laborales, el tiempo de permanencia en el hogar, la duración dedicada a su aseo, mantenimiento y el momento que involucra el preparar y consumir alimentos, el habitar los espacios de convivencia de sus ocupantes, entre otros, es cada vez menor. A su vez el dinamismo que lo mencionado trajo consigo, irrumpió en la vida cotidiana –aunque ahora pocos lo recuerdan, pues la población actual en su mayoría nació de 1950 a la fecha.

El vivir moderno es pues, un resultado de la manera en que la producción económica de un sitio se desarrolla, con todo lo que acarrea: cambios de horarios de las personas y de las familias, modos de gestionar las necesidades naturales de una casa y sus habitantes, el crecimiento urbano y sus consabidos recorridos y sus distendidos tiempos. El vivir moderno no es un estilo de vida, es un efecto querido o no, de los medios en que afecta la industrialización y los modos productivos modernos.

En la esquina que forman la Calzada Revolución y la calle Manuel G. Escobedo se encuentra ubicada una casa de mediados del siglo XX. Es una vivienda de rasgos tardomodernos con algunos detalles de filiación Déco –como en el enmarcado con un listón, de la franja de vanos o del pretil. Ocupa un predio triangular producto de la lotificación diagonal de la primera década del siglo XX, por lo que es posible ver sus dos fachadas articuladas por un muro ochavado al mismo tiempo. Es una finca sencilla que se muestra en su estado previo a la intervención en proceso actual tras la que contará con un nuevo nivel y con él, una reciente fisonomía. El inmueble es propio de las construcciones de fines de los años cincuenta y la década de los sesenta que representan en Aguascalientes la consolidación de la manera moderna de habitar un hogar.

En estas dos primeras décadas del siglo XXI estamos experimentando dentro de la contemporaneidad, nuevos paradigmas en el habitar. La familia que se alzaba como el núcleo tradicional está mutando en variadas maneras, la comunicación virtual es ya algo más que asumido, y vuelve en cierta medida el trabajo en casa, aún en los casos en que algún integrante se ocupe en algún centro laboral, pues siempre, y aprovechando la conectividad de las redes, puede haber una función alterna.

¿Cómo será el vivir de manera moderna en los próximos años? Pueden hacerse especulaciones o vaticinios más o menos acertados –basta recordar las videollamadas de la serie de dibujos animados de «Los “Supersónicos» ya no impresionan a nadie; habrá también factores y soluciones insospechados; lo cierto es que la arquitectura continuará siendo un registro más o menos preciso de las formas en que los seres humanos encaramos el vivir en este mundo.