Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En estos días una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se encuentra de visita en nuestro país y habrá de entrevistarse con diferentes agrupaciones oficiales y organismos de la sociedad civil en un apretado programa previamente agendado. Como una deferencia y muestra de reconocimiento al trabajo de los organismos públicos protectores de Derechos Humanos del país, el pasado viernes, previa a su agenda, sostuvieron una reunión con el presidente de la CNDH y los presidentes de los organismos estatales. Estuvieron presentes también el Secretario Técnico del Consejo Consultivo, el Secretario General y los titulares de cinco de las seis visitadurías generales de la CNDH. Por parte de la CIDH se encontraban:

Comisionado Francisco José Eguiguren Praeli, Relator para Argentina, Uruguay y Venezuela, y Relator sobre los Derechos de las Personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex.

Comisionada Margarette May Macaulay, Relatora para Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominicana, Estados Unidos, El Salvador, Guyana, San Vicente y las Granadinas, y Relatora sobre los Derechos de las Mujeres, y sobre los Derechos de las Personas Afrodescendientes y contra la Discriminación Racial.

Comisionada Esmeralda Arosemena de Troitiño, Relatora para Cuba, Ecuador, México, Nicaragua, Santa Lucía, Surinam, y Relatora sobre los Derechos de la Niñez.

Comisionado Luis Ernesto Vargas Silva, Relator para Barbados, Chile, Guatemala y República Dominicana, y Relator sobre los Derechos de los Migrantes y de la Unidad sobre Personas con Discapacidad.

En la reunión de trabajo que se prolongó poco más de tres horas los comisionados de la CIDH escucharon de viva voz los planteamientos por parte de los organismos mexicanos, que incidieron en temas cuya preocupación se comparte, a saber: la situación de los migrantes tanto de los mexicanos en EE.UU. como de los procedentes del Caribe y de Centroamérica que son objeto también de maltrato y discriminación y que constituyen un número importante, la tortura y los tratos crueles y degradantes que son también una pandemia en nuestro país no obstante los repetidos señalamientos por parte de los organismos internacionales, particularmente por la Relatoría de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, así como la tardanza en la resolución de los asuntos planteados ante la CIDH, así como la cuestión de las medidas cautelares que tiene relación directa con las resoluciones de fondo y que por su obvia urgencia deben ser resueltas con mayor celeridad.

Por parte de los organismos nacionales se hizo un panorama, que pecó de optimista. Bien está que tampoco la situación actual no es desesperada pero quizá sí desesperante. Las ejecuciones extrajudiciales siguen siendo el pan nuestro de todos los días, el descubrimiento un día sí y otro también de fosas clandestinas, el número de personas desaparecidas sin que se pueda atribuir con precisión a grupos delincuenciales o a organismos policíacos o parapolicíacos, militares o paramilitares, el “deshonroso” primer lugar mundial en letalidad que ostentan los cuerpos de la Marina Armada en los enfrentamientos con presuntos delincuentes, la práctica generalizada y a todos los niveles de la tortura en versiones desde las más sofisticadas hasta las más salvajes y primitivas, el estado de sitio en que se vive en muchas ciudades del país y la zozobra que salvo en los estados de Campeche y Yucatán, se vive en el resto del país, incluido lamentablemente Aguascalientes. Ese negro panorama no se planteó en la reunión aunque desde luego no hacía falta, la CIDH conoce de primera mano por las relatorías y las promociones lo que sucede en nuestro país. Ya las cadenas noticiosas han dado seguimiento a algunas reuniones y han dado cuenta de algunas declaraciones, muy directas y por lo mismo incómodas para las autoridades, de los comisionados, especialmente la referencia a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

Una preocupación que compartimos los miembros de la Federación de Organismos Defensores de Derechos Humanos es la llamada “percepción” de que sólo se defiende a delincuentes. Un infundio que nace no por casualidad, sino por una campaña mas o menos organizada, que parte desde las autoridades señaladas con más frecuencia como violadoras de los derechos. Un reto pendiente para nosotros es que se conozca, que se asimile que no son incompatibles los derechos humanos con el combate a la delincuencia. Por poner un símil que puede ser fácil de comprender, pensemos que a un hijo nuestro que comete una indisciplina (la que sea) en la escuela, el director lo hace hincarse de rodillas en el patio, expuesto al sol y cargando un ladrillo en cada mano. Naturalmente brincaríamos enojados exigiendo un castigo para el inepto y cruel pseudo educador. Hace sesenta años era una práctica usual en el colegio en el que cursé la primaria. Ahora sería de todo punto inaceptable. Ni para corregir, ni para enmendar, ni para ejemplificar. La pedagogía debe recurrir a otros medios. De igual manera, el combate a la delincuencia debe realizarse desde la capacitación, la preparación, la prevención, la investigación científica y el conocimiento de las técnicas actuales. Es muy importante velar porque los delincuentes reciban el castigo previsto en las leyes, pero es mas importante velar porque un inocente no reciba una pena que de ninguna manera merece. El reto desde luego es la mejor y mayor preparación de los cuerpos policíacos, la coordinación y la transparencia.

Una cuestión de la mayor relevancia es la del grave atraso de los asuntos planteados ante la CIDH, y aunque no se mencionó expresamente, es conocido también el grave problema económico por el que pasa, derivado de que algunos de los países miembros de la OEA no han cumplido con sus compromisos para el sostenimiento de la Comisión. Se nos explicó que en buena medida, se ha privilegiado como debe ser la resolución de las medidas cautelares que deben dictarse atendiendo a los criterios de gravedad, urgencia e irreparabilidad, con lo que muchos asuntos pueden quedar resueltos con estas medidas de protección, sin perjuicio de que luego se atiendan en cuanto al fondo.

Quizás la mejor aportación fue el consenso de realizar una nueva reunión, ésta con duración de al menos tres días en que puedan analizarse a profundidad las violaciones mas constantes y generalizadas, y plantear mecanismos de prevención y solución, dentro de un marco de respeto mutuo, cordialidad y la convicción de que la lucha por la defensa y promoción de los Derechos Humanos es una tarea a veces ingrata pero siempre gratificante.

[email protected]                      @jemartinj              bullidero.blogspot.com